El (pen)último día de la 'número dos'

Publicado: 26 mar 2026 - 01:41
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Acudo al Congreso de los Diputados para ver y escuchar el debate sobre la posición española en la guerra de Irán (ya era hora de que la comparecencia de Pedro Sánchez se produjese, por cierto). Veo a María Jesús Montero sentada a la izquierda del presidente. Quizá sea la penúltima o incluso la última vez que veamos a la eterna 'número dos' allí, animando a su jefe con sus aplausos tantas veces excesivos y tratando de de desanimar a la oposición con gestos frecuentemente desmesurados. Me pregunto, cuando ya se perfila este jueves una victoria parlamentaria gubernamental en la votación de las 'medidas anticrisis', quién será el/la que desde la proximidad del escaño, alentará en adelante al presidente, en quién descargará este los 'trabajos sucios' (o comprometidos, dicho sea para dulcificar).

Para hacer corto el relato, diré que María Jesús Montero ha sido, cuando menos, un lastre. Ha sido una vicepresidenta deficiente, que no ha sabido remontarse sobre los intereses partidistas para ejercer como estadista; ha sido una pésima ministra de Hacienda, y ahí está el fracaso de la negociación presupuestaria para mostrarlo; ha sido una horrible vicesecretaria general del PSOE, que no se enteró de los manejos de los secretarios de Organización del partido, ni de los manoseos de Salazar, ni de los trapicheos de Leire Díez, ni de las 'koldadas' de Koldo. Jamás, jamás, se empleó como moderadora, sino más bien lo contrario, de los excesos 'belicistas' de Sánchez contra la oposición, contra los medios, contra los jueces. Y cayó, que para eso fue designada, en el ventajismo de utilizar su posición en el Gobierno para que sirviese a su aspiración de llegar a presidir la Junta andaluza.

El adiós aliviado a Montero no disminuye la aprensión acera de quién pueda ser ese/a 'número dos' de Sánchez, si es que un presidencialismo tan exacerbado como el del inquilino de la Moncloa admite 'segundos' influyentes en su entorno. Sánchez, en un día de presumible victoria parlamentaria como el de este viernes para sacar adelante las medidas 'anticrisis' consecuencia de una guerra en Irán contra la que, a mi juicio afortunadamente, se manifiesta el presidente del Ejecutivo español, debería aprovechar para abrir una nueva etapa. Hacer una remodelación a fondo de su elenco ministerial, en buena parte abrasado. Cambiar los modos histriónicos por otros moderados y dialogantes. El duelo a garrotazos, por el diálogo. El sectarismo, por la amplitud de miras. Y quizá deshacerse de la sociedad con Sumar, que pienso que ya le resta más que otra cosa.

¿Aprovechará Sánchez esta oportunidad, más allá del destino, me parece que no muy benigno, que las urnas deparan a Montero, y más allá del tiroteo que se espera dela próxima, mucho más importante que las anteriores, campaña electoral?

No lo sé. Me temo, a los antecedentes me remito, que no. Pero siempre confío en equivocarme en estas cuestiones, y que mi optimismo congénito acabe por tener razón sobre mi pesimismo contrastado por muchos años como observador de nuestra desgraciada política. En todo caso, me felicito por no tener ya en 'mi' Gobierno -que lo es, porque lo es de todos- ciertos modos y maneras, por haber superado -de momento- esa fidelidad perruna al jefe, que es el origen de tantos males.

Y conste que lo que aquí digo para nada significa una toma de posición periodística o personal sobre las elecciones andaluzas, sobre las que ya habrá mucho que hablar. Esto, simplemente, es una despedida aliviada, una crítica política que aspira a tiempos mejores. Ojalá el Hombre que Todo lo Puede, o sea, el 'número uno', también acabe por entenderlo.

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