Miguel Anxo Bastos Boubeta
Blowback en Oriente Medio
Uno de los misterios más profundos de esta situación de crisis que está viviendo la Ceuta invadida por un contingente que puede compararse a dos veces largas el estadio de Balaídos a plena ocupación es, precisamente, el número de invasores que queda todavía vagando sin rumbo por las calles de la ciudad española, ignoto número que cada cual maneja a su discreción y que, por arte de magia, aumenta cada jornada. Y para ilustrar semejante sospecha, basta con observar una foto de las playas del Trampolín y Benítez hace un mes y contemplar una foto de ayer cuando se produjo la evacuación hacia las instalaciones del puerto. La operación, que un ministro de la categoría intelectual y gestora de Ángel Víctor Torres ha catalogado de modélica, se ha saldado sin embargo con tumultos, broncas y tiros al aire, que parecen desmentir las hipótesis del titular de Administración Territorial y Memoria Democrática, un verdadero líder al que todavía le van a aparecer los fantasmas de sus usos sospechosos de inmuebles gestionados por Koldo por orden de José Luis Ábalos en lo más granado de Madrid. Pero lo que en verdad no ha podido ser desentrañado todavía es el número de sujetos a los que hay que mover de un sitio para otro, no devolver a Marruecos porque se cabrearía el rey Mohamed y no pueden bajo ningún concepto cruzar el Estrecho porque comenzarían a tirar hacia arriba y las autoridades del UE se pondrían de los nervios y no lo permitirían bajo ningún concepto.
El número, en realidad es lo de menos en este disparate que se ha producido probablemente aprovechando que el presidente se había ido de vacaciones y que el país estaba distraído, pero el número, lo que se dice el número pormenorizado de los que han entrado, han salido y los que se han quedado y hay que distribuir, no se sabe ni se sabrá, lo que probablemente ha dificultado mucho su distribución, esa que el ministro del ramo supone un ejercicio modélico que probablemente se estudiará en los tratados de los siglos venideros.
Para el resto de los mortales, esto se parece mucho al prodigio de los panes y los peces que se multiplican sin que exista explicación posible.
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