Blowback en Oriente Medio

Publicado: 20 sep 2026 - 04:00
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En el mundo de la ciencia política y de las relaciones internacionales a veces se usa el término Blowback para referirse a las consecuencias no deseadas resultantes de una intervención política o militar en otro estado. El concepto fue desarrollado hace unos años en un libro homónimo por el politólogo norteamericano Chalmers Johnson, especialista en política internacional, para explicar los fiascos en las intervenciones militares norteamericanas de la segunda mitad del siglo XX y primeros años del siglo XXI. El profesor Johnson describe como después de la intervención en algún espacio extranjero se desatan conflictos inesperados, como resultado de aquella, y las consecuencias acaban siendo casi siempre negativas para los Estados Unidos.

Si viviese el profesor Johnson podría ver su doctrina reivindicada al analizar las consecuencias negativas que la guerra de Irán está produciendo, no sólo en los Estados Unidos, sino en toda la región afectando especialmente a sus aliados en la zona. Tras el fracaso del intento, aparentemente quirúrgico, de descabezar al régimen iraní y colocar a un gobierno afín a su política en el poder, vemos como los gobernantes iranís rápidamente se recompusieron y plantearon una guerra de nueva generación, atacando principalmente blancos económicos, que están dañando no sólo al gobierno norteamericano, sino a todos sus socios. En vez de plantear una guerra convencional los iiranís decidieron atacar la logística petrolífera en los países vecinos, en los que los americanos tienen bases, lo que derivó en una reducción sustancial de la producción y sobre todo de la distribución, de los productos derivados del petróleo que estos exportaban. El cierre del estrecho de Ormuz contribuyó también a esta sensación de caos y descontrol. La brutal subida de precios derivada de estos ataques descolocó a Trump, que ve peligrar su mayoría en el Congreso por esta causa al no contar ya con tiempo para revertir sus efectos.

Pero las consecuencias van mucho más allá de una subida puntual de los precios de los derivados del petróleo, también causada por los ataques ucranianos a las refinerias rusas donde se elabora el diesel que consumimos, sino que está teniendo un alcance geopolítico imprevisto, y del que existen pocos precedentes. Los países de la zona constatan que los Estados Unidos no pueden defender a sus socios, Arabia Saudí, Jordania, Emiratos , Kuwait y Bahrein, de los ataques de la potencia persa, lo que ha contribuido a que Arabia Saudí haya buscado protección en otros lugares como Tuquía y Pakistán, creándose el germen de una OTAN suní, que contaría también con armas nucleares. Este movimiento no parece muy del agrado de Israel, principal aliado en la zona de los americanos, que queda en una situación más débil que antes de la guerra, al ver como se esfuman los famosos pactos de Abraham con los países árabes, que con tanto esfuerzo diplomático había conseguido establecer. Israel teme, con razón, que cualquier solución negociada sea a su costa y trata de evitar que la guerra termine, por lo menos antes de que se celebren sus elecciones legislativas. Pero su desprestigio internacional y la pérdida sustancial de influencia mucho me temo que tampoco pueda ser revertida a corto plazo.

Además de esto, y viendo la debilidad de los socios de Norteamérica, otros actores de la región, aliados de Irán, como los hutíes del Yemen, que han conseguido cerrar la entrada al Mar rojo, o las milicias chíitas de Irak, que han osado atacar oleoductos en la propia Arabia ante la impotencia de los Estados Unidos, cobran nuevo protagonismo en la región.

En conclusión unos Estados Unidos e Israel debilitados por la guerra, con sus socios cambiando de bando, parecen ser las consecuencias inesperadas de una intervención que se las prometía muy felices. A veces no estaría de más releer a los viejos clásicos antes de tomar decisiones de este tipo.

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