José Teo Andrés
Puerto nodal
No hay opinión unánime entre los juristas sobre todo aquello que se refiere al resultado de la sentencia aplicada al fiscal general Álvaro García Ortiz. La mayoría expone prudentemente la necesidad de esperar a conocer la totalidad de la sentencia y estudiar con detenimiento los fundamentos en los que se basa la administración de la pena, antes de emitir un juicio. Es decir, todo lo contrario a lo que han hecho los partidos políticos que constituyen el bloque del Gobierno y sus socios preferentes, para los cuales no hay espera que valga, y prefieren criticar no solo una sentencia cuyo contenido no conocen y no saben otra cosa que su resultado, sino al estamento judicial en general al que en algunos casos, superado el límite del raciocinio, han acusado de pertenecer a una especia de cofradía secreta cuyo único objetivo es atentar contra ese mismo Gobierno. Paradójicamente no es el PSOE el que se ha mostrado públicamente más agresivo contra la magistratura sino la vicepresidenta Yolanda Díaz, cuyo feroz comportamiento esboza la posibilidad de que haya perdido la cabeza si es que alguna vez la ha tenido. Desatada y sin reflexionar sobre su dignidad, el cargo que desempeña, la necesidad de respetar los principios constitucionales, y el compromiso adquirido para con los españoles, la dirigente gallega se ha despachado a gusto: “Una parte de los jueces, aliados con sectores del poder económico y determinados medios de comunicación, están entregados a la tarea de derribar el Gobierno” acaba de declarar públicamente en el estrado inaugurando las jornadas de la Conferencia Política del Movimiento Sumar que así, a primera vista por lo menos, no parece cualquier cosa aunque el comportamiento de Díaz haga pensar en un foro al que a lo mejor le hace falta una miaja de sentidiño.
Es curioso que esta situación promovida por el conocimiento de la sentencia aplicable al fiscal Ortiz coincida con los actos que recuerdan la restauración de la Monarquía. Las encuestas señalan que la institución cuenta con un amplio respaldo social, especialmente significativo en el arco más joven del espectro. Son dos pinceladas que sirven para convencerse de que el país camina. Con problemas pero camina.
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