Odisea

Publicado: 09 ago 2026 - 01:00
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En el mundo griego, los poetas intentaron alcanzar de manera mítica y fantástica, mediante la intuición y la imaginación, la comprensión del hombre, de la historia y del universo; en suma, de la realidad presentada en su totalidad. Los poemas homéricos, la “Ilíada” y la “Odisea”, supusieron para los primeros griegos algo análogo a lo que la Biblia supuso para los judíos. Y lo que constituyó el alimento espiritual para los griegos, al ser Grecia uno de los pilares de la cultura occidental, lo sigue siendo, en cierto modo, también para nosotros en la actualidad.

La película “Odisea”, del director británico Christopher Nolan, ha sido uno de los grandes estrenos de julio de 2026. El filme recrea el complicado regreso de Odiseo a Ítaca tras la guerra de Troya, una travesía que se extiende por diez años y que enfrenta numerosos obstáculos. En su patria, Ítaca, lo esperan su esposa, Penélope, y su hijo, Telémaco, asediados no solo por la angustiosa espera del retorno de Odiseo, sino también por los intentos de los pretendientes que compiten entre sí para contraer matrimonio con Penélope y así adueñarse del reino.

El camino de Odiseo es, en buena medida, un camino interior, en el que se entretejen el recuerdo y el remordimiento por unas acciones que no siempre han estado inspiradas por Zeus ni por la recta conciencia. Tiene, pues, un cierto carácter penitencial, reforzado por el hecho de que Odiseo y los suyos han de superar continuas pruebas: son capturados por el cíclope Polifemo, hijo de Poseidón, quien los condena a perderse en el mar. En Eea, los salvajes lestrigones destruyen dos de sus barcos y matan a la mayoría de los seguidores de Odiseo. Los supervivientes buscan refugio junto a la hechicera Circe, quien los transforma en cerdos. Odiseo habrá de descender al Hades, al reino de los muertos, donde se le profetiza que solo él llegará a casa. Tras muchas otras peripecias llega a la costa de Ogigia, donde la ninfa Calipso lo cuida durante siete años alimentándolo con flores de loto. Finalmente le permite construir una balsa improvisada y lo ayuda a reconciliarse con los dioses. Gracias a la ayuda divina, Odiseo consigue llegar milagrosamente a Ítaca.

No han faltado las críticas a esta versión cinematográfica del poema homérico. Una reconocida traductora al inglés de esta obra de Homero llegó incluso a señalar que le daría vergüenza haber escrito cualquier parte del guion. En realidad, si uno se pone en plan purista, no habría otra opción que leer la “Odisea” en griego, sin traducciones, y, por supuesto, sin adaptaciones audiovisuales.

A mí la película me ha encantado. Me siento próximo a la valoración de la misma hecha por el obispo y teólogo noruego Erik Varden en su blog personal: “Lo que hace Nolan es mostrar por qué la epopeya importa, por qué la imagen de Escila y Caribdis, o del telar de Penélope, aún perdura en nuestra memoria; por qué los nombres de Euriclea y Eumeo nos llenan de ternura; por qué la sola idea de Circe (magníficamente dramatizada) nos estremece. Transmite la urgencia del texto. La tipología de una civilización moribunda es un tanto forzada, pero ‘toca’ una fibra sensible en la actualidad. Por lo tanto, me complace disfrutarlo. Te hace reflexionar. Y te dan ganas de releer a Homero […] Una película que produce tal efecto puede considerarse un éxito”.

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