Octavio Paz dijo a los mexicanos que odian a España lo hacen a sí mismos

Publicado: 13 may 2026 - 01:20
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Con la serie de cuestiones relevantes y preocupantes que tiene ahora mismo presente la sociedad española causa cierta perplejidad que el asunto de Hernán Cortés y la conquista de la Nueva España que luego sería México se haya introducido en el debate nacional como si fuera cuestión que a estas alturas quitara el sueño a los españoles. Y hasta Pedro Sánchez lo ha llevado como recurso a la campaña electoral andaluza, aprovechando el controvertido viaje de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso a México, asunto al que dedicó mucho más tiempo que a la muerte de dos guardias civiles en acto de servicio persiguiendo a unos narcotraficantes.

La ocurrencia en su día del descendiente de santanderinos López Obrador, luego remachado por la descendiente de lituanos y búlgaros Claudia Sheinbaum, de exigir que España pidiera perdón al país al que emigraron sus mayores, sin relación personal directa con su propia estirpe e historia, parecía amortiguado con la, para muchos, innecesaria semidisculpa de Felipe VI. Si bien es cierto que el asunto vuelve a emerger, con ocasión de la visita de la señora Ayuso a México, sus declaraciones y la respuesta de la señora Sheinbaum con la que inmediatamente se ha alineado el Gobierno de progreso de Sánchez y sus variados consocios, asumiendo todos los tópicos de la Leyenda Negra.

Menos mal que frente la señora Sheinbaum podemos recuperar lo que al respecto del citado personaje y la historia de México escribe quien, sin duda, merece mayor respeto intelectual y consideración que López Obrador o su sucesora, Octavio Paz. En octubre de 1985, el Premio Nobel de Literatura y Premio Cervante, dedicó un concienzudo articulo a la historia de su país, indicando, entre otras cosas como conclusión: “El odio a Cortés no es odio a España, es odio a nosotros mismos”. Recordaba Octavio Paz que la figura de Hernán Cortés ha provocado siempre los sentimientos y los juicios más contradictorios, nadie ha escapado a una fascinación que va de la idolatría al aborrecimiento. Al analizar la historia de su país, recordaba que el siglo XIX, “sirvió como ariete en la tarea de demolición del viejo orden católico conservador heredado de España. Por una curiosa transposición ideológica, se vio a la Independencia no como el comienzo de la nueva nación mexicana, sino como el regreso a una situación anterior a la Conquista

Octavio Paz indicaba la evidencia del carácter ideológico del mito de Cortés, que califica de arma de combate de partido, en este caso de López Obrador y Sheinbaum. Y señala: “Pero esas luchas pertenecen al pasado; hoy el mito pelea contra fantasmas. Aparte de su irrealidad, el mito es nocivo porque, en lugar de unir, divide a las conciencias […] Cortés divide a los mexicanos, envenena las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos. El odio a Cortés no es odio a España: es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vemos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación de México con su otra mitad. Apenas Cortés deje de ser un mito histórico y se convierta en lo que es realmente: un personaje histórico, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena”.

Estos días se ha halado mucho y se han lanzado acusaciones diversas de ignorancia o parcialidad. Un ejemplo, en México han considerado una prueba de ignorancia que la señora Ayuso escriba México con J. La Real Academia Española (RAE) (Ver Diccionario Panhispánico de Dudas) ha aclarado que la grafía común para el topónimo "México" es con "x". Aunque "Méjico" (con J) es también correcto, se recomienda el uso de "México" por ser la forma utilizada en México y en gran parte en el resto de Hispanoamérica. En su magna obra “El auge y el ocaso del Imperio español en América”, don Salvador de Madariaga escribe repetidamente “Méjico” con j.

En cuanto al fondo del debate, la presidenta Sheinbam exhuma de manera artera las disposiciones de Carlos V para precisamente corregir y castigar los actos de los administradores de su imperio en América, lo que denota la verdadera dimensión de la preocupación de la Corona por los derechos de los indígenas. La consagración de los derechos legales y la ratificación definitiva que perduraría durante siglos fueron consecuencia de las Leyes Nuevas de 1542 y la Controversia de Valladolid de 1550-1551. En ese sentido, el historiador Bartolome Bennassar, reconocido hispanista francés, escribe que “Las Leyes Nuevas «representan totalmente el mayor esfuerzo realizado por una potencia colonial para crear un verdadero derecho de los colonizados hasta el siglo XX”.

Contenido patrocinado

stats