Xabier Vila-Coia
El azar y la probabilidad: ¿Consentimiento informado o sometimiento informado?
Hace unos días, durante la misa del Domingo de Ramos, el Papa León XIV dejó dicho: "No se puede utilizar a Dios para justificar la guerra".
Tiene toda la razón, es más, creo que quienes matan en nombre de Dios, no importa como le llamen, si Jehová, Alá o Dios, en realidad no creen en Él.
Sin embargo, a lo largo de la Historia han sido múltiples las guerras que se han librado en el "nombre de Dios" y "por Dios". Y hoy en día continúa habiendo quienes se envuelven en la bandera de sus creencias religiosas para justificar sus asesinatos.
Hacer la guerra en nombre de Dios es una contradicción en sí misma, e insisto en que tanto da cómo se "nombre" a Dios.
De manera que no es soportable que en este siglo XXI, se sigan cometiendo actos de terrorismo o se declaren guerras en nombre de Dios. Es más, creo que el único pecado que Dios no va a perdonar a los hombres es que maten en su nombre, e insisto, sea cual sea ese nombre.
Así pues resulta impúdico que haya clérigos que se encomiendan a Alá, y ordenan matar, torturar, y perseguir a quienes no comulgan con ellos. Como resulta grotesco e igualmente impúdico que hace unos días varios líderes religiosos de iglesias evangélicas le hayan hecho la ola a Donald Trump hasta el punto de haber "orado" por él en el mismísimo Despacho Oval y tratándolo como si estuviera a un paso de la santidad.
Incluso una tal Paula White, evangelista con miles de seguidores, ha tenido la desvergüenza de asegurar que decirle "no" a Trump es tanto como decirle "no" a Dios. Naturalmente no todos los evangélicos están en esa onda, pero es preocupante los muchos que sí lo están.
Por eso la afirmación del Papa León XIV es esclarecedora: "No se puede utilizar a Dios para justificar la guerra", y lo ha dicho con la autoridad moral que tiene como Jefe de la Iglesia Católica. Y dijo más, recordando que la paz no es un ideal abstracto sino el corazón del Evangelio.
Sin embargo la realidad se impone, y la realidad es que hoy la guerra desatada en Irán nos concierne a todos y no basta con decir "No a la guerra", para sustraerse a ella.
En labios de los políticos el "No a la guerra" no deja de ser un eslogan. La cuestión de fondo es que hacen quienes sinceramente están en contra de la guerra.
Me temo que en demasiadas ocasiones algunos políticos, que no todos, que se envuelven en la bandera del "No a la guerra", lo hacen más por razones de política interior que porque les repugne la guerra. Sobre todo porque hay guerras que ignoran y no mueven un músculo ni dicen ni una palabra sobre ellas. Por ejemplo la de Sudan.
Da la impresión de que muchos de los dirigentes europeos mantienen una postura de pacifismo calculado respecto a la guerra que se lleva a cabo en Irán y aledaños. Hasta ahora, a la opinión pública de sus países, que es la que se deben, no le están, no nos están explicando, ni lo que hacen, ni por qué lo hacen, ni cuáles son los límites que se pueden permitir y cuál es el grado de acuerdo real dentro de la UE.
En el comportamiento de los políticos siempre hay un parte de secretismo, de opacidad, porque no consideran que sus conciudadanos deban de saber "todo" y así nos niegan información importante para entender, no sólo qué está pasando, sino para entender sus decisiones.
En el Parlamento español no se ha llevado a cabo un debate serio sobre esta guerra, bueno, en realidad, los debates brillan por su ausencia, ya sea la guerra de Irán o sobre cualquier otro asunto.
Mientras tanto esperemos que la reflexión del Papa tenga eco, no solo entre los católicos, dada la importancia, no solo religiosa sino política del Vaticano y, ojalá, haga mella entre quienes estos días deciden entre la paz y la guerra.
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