Fernando Jáuregui
¡Con la de cosas buenas que hemos escrito sobre ZP!
El Deportivo de Coruña está de vuelta tras ocho años, divididos entre el purgatorio de la Segunda y el infierno de la liga no profesional de Primera RFEF, donde tuvo que enfrentarse al Coruxo y al Celta B. No se me ocurre un castigo más cruel. A quienes les emociona el derbi gallego están de enhorabuena. No es mi caso: me encontraba bastante más tranquilo viendo a los vecinos del Norte en otra categoría. Pero la vuelta era inevitable desde que asumió el mando su propietario, Abanca, con la inversión de unos 100 millones recientemente.
Aunque todo eso queda lejos. Lo importante es que el Celta terminó la temporada en todo lo alto, con grandes números gracias a Divino Claudio. El sexto puesto -su límite, siendo realistas- los cuartos de final de la UEFA y la nueva calificación europea dan un notable alto a un equipo de autor, reconocido y reconocible, con el mayor número de canteranos de La Liga: 22, solo por detrás del Barça (que pesca en toda España) y el Athletic, que hace algo parecido, pero disimulando.
Divino Claudio ha demostrado no perder la calma y llevar la nave a puerto sin grandes problemas, pese a que el tramo final se le ha hecho muy largo al Celta. Que siga un año más al frente, y los que vengan, es la mejor garantía de estabilidad y de que el equipo va a seguir creciendo con un modelo que no solo gusta, sino que resulta efectivo. También lo era el Celta de Mostovoi y Mazinho, pero insostenible económicamente: a punto de estuvo de arruinar al club. Carlos Mouriño lo salvó de la quiebra. Ahora es el tuno de la directiva, con el fichaje de dos o tres jugadores. El acierto supondrá un salto de calidad.
En Coruña -volvemos- presumen, con razón, de su salto adelante demográfico (crece en población gracias al aporte inmigrante, mayor que en Vigo), en sectores económicos punteros y en liderazgo en Galicia. Le faltaba el lado deportivo. Que no sea un Superdépor 2, por el bien de todos, también de mis amigos coruñeses, que vieron lo que supone ir de copas y no pagarlas.
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