La vivienda gira hacia la edificación industrializada

Publicado: 25 may 2026 - 03:00
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Hay una primera conclusión que conviene asumir cuanto antes: la industrialización de la edificación no tiene nada que ver con el modelo tradicional de construcción que conocemos hasta ahora. Supone un cambio profundo en la forma de entender la vivienda, donde el proceso de fabricación pasa a convertirse en el eje central para reducir costes, acortar plazos y ganar eficiencia. Y el momento no puede ser más oportuno. España atraviesa una grave crisis de acceso a la vivienda y Galicia no es una excepción. La escalada de precios, la falta de oferta y el desplome del stock de vivienda nueva han generado un escenario insostenible. De hecho, Galicia cerró el último ejercicio con apenas 15.400 viviendas nuevas en stock ,el nivel más bajo de toda la serie histórica.

Ante esta situación, acelerar la capacidad de producción residencial se ha convertido en una prioridad económica y social. Y ahí es donde la edificación industrializada adquiere todo el sentido. Eso sí, conviene aclarar que este sistema exige una mentalidad distinta. La industrialización requiere mayor planificación, una definición técnica mucho más precisa y una coordinación previa mucho más rigurosa. Pero precisamente ahí reside una de sus grandes ventajas: reducir la improvisación y minimizar los sobrecostes derivados de cambios, retrasos o incidencias durante la obra.

En Galicia, además, la vivienda industrializada tiene incluso más lógica que en otras comunidades por una combinación de factores climáticos, demográficos y económicos. Nuestro clima húmedo y lluvioso penaliza constantemente la construcción tradicional a pie de obra, provocando retrasos y problemas recurrentes de humedad y ejecución. Sin embargo, al fabricarse gran parte de los elementos en entornos industriales controlados, la construcción industrializada permite mejorar la precisión de los acabados, optimizar el aislamiento térmico y reducir patologías asociadas a la humedad. A ello se suma una ventaja decisiva: el tiempo. Mientras una promoción tradicional puede demorarse entre 12 y 18 meses, los sistemas industrializados permiten reducir plazos hasta los 6 u 8 meses. En un mercado con déficit estructural de vivienda, responder antes a la demanda es fundamental. Menos tiempo de obra implica también menos costes financieros, menos exposición a la volatilidad de los materiales y menos desviaciones presupuestarias. En un contexto de inflación persistente en costes de construcción, esta cuestión resulta determinante para garantizar la viabilidad de muchos proyectos.

Existe además otro factor que el sector ya no puede ignorar: la escasez de mano de obra cualificada. Cada vez resulta más difícil encontrar profesionales especializados para la construcción tradicional. La industrialización ayuda a aliviar este problema trasladando parte de la producción a fábricas más tecnificadas, eficientes y con mejores condiciones de organización laboral. A todo ello hay que añadir las crecientes exigencias en sostenibilidad y eficiencia energética.

Sin embargo, el principal obstáculo vuelve a ser la financiación. El sistema financiero actual sigue pensado para un modelo de construcción tradicional. La banca financia aquello que está físicamente ejecutado e hipotecado sobre el solar. Porque lo que falta ahora ,es que la regulación y la financiación dejen de llegar siempre varios años tarde respecto a la realidad económica.Y ahí sí corresponde actuar al legislador. Para eso, precisamente, pagamos impuestos.

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