Fermín Bocos
Sánchez sigue a la desesperada
Más allá de la serie de episodios, sujetos e incidencias que rodean en estos momentos al PSOE y a su secretario general, proyectados sobre la presidencia del Gobierno, y el papel de una serie de personajes (que hoy se insiste que ya no son del partido, como si nunca lo fueran) cabe hacerse una pregunta. Ya que esos personajes gozaron en su día de la confianza de Pedro Sánchez, a los que colocó en puestos de máxima confianza (en el partido y el Gobierno), ¿será tiempo de que el PSOE se someta a una profunda reconversión para recuperar el orden ordinario que se supone debe presidir la vida de una organización democrática, digamos decente? Es decir, habrá que cerrar esta etapa y volver a recuperar modos y principios ahora transgredidos a medida que se va sabiendo.
Entre otros aspectos llamativos de esa degradación advertida, ahí está la propia advertencia repetida de que quien fuera secretario general del partido, Felipe González, que ahora dice que no lo votaría, que no asume sus pactos y consocios, y que marca otros extremos de distancia. Y lo dice quien en Suresnes en recuperó el inoperante partido languideciente para convertirlo en una pieza esencial del proceso de transición para la democratización de España. Claro que ahora, las huestes del sanchismo lo motejan de fascista y cosas peores.
Pero hay otro testimonio arrollador del modo en que la propia vida orgánica y ordinaria del partido se he deteriorado desde que Pedro Sánchez se convirtió en eso que sus huestes llaman con acierto “el puto amo”. El que fuera secretario de Transparencia y Democracia participativa del PSOE hasta 2021, Odón Elorza, luego diputado en el Congreso de los Diputados, escaño al que renunció “para evitar desencuentros”, dada su discrepancia con Sánchez, llegó a considerar que determinados órganos del partido son “mero atrezzo” , y a decir sobre el comité federal y sus funciones: “Si todo el pescado está vendido, si el debate resultara escaso, si la cohesión y la fuerza del PSOE se identifican con la plena aceptación, sin intervenciones críticas que puedan considerarse impertinentes, entonces se corre el riesgo de convertir el Comité Federal en una especie de atrezzo con invitados y aplausos al encenderse la luz de aviso”. Al despedirse de sus compañeros del PSOE Elorza les dirigió una carta, en la que, entre otras cosas, dijo que se iba para evitar enfrentamientos con la dirección de Pedro Sánchez, y añadió: “Mis ideas ya no son útiles”. Y es que ya no era el mismo partido que él creía. Esa es la cuestión.
¿En qué congreso del PSOE, el comité ejecutivo federal, la comisión federal u otro órgano del partido, incluido en el programa electoral, se propuso o aprobó la reforma del Código Penal, a la medida del independentismo, los indultos, la amnistía, negociar fuera de España delicadas cuestiones de Estado, por un lado, y por otro, cuestiones tan delicadas como el cambio de postura del partido con respecto al Sahara? ¿Dónde, cuándo? Porque eso mismo no fue la trucada consulta a la militancia para apoyar el pacto con el independentismo, sin hacer referencia expresa al precio que Junts y ERC imponían. Todo lo demás fueron decisiones personales de Sánchez, apenas barnizadas en su caso.
El PSOE disponía de un Código Ético, reformado en 2023 y de cuya versión anterior (2014) se suprimió el articulo 8, que prevería que nunca se promovería ni aceptaría el indulto a políticos que hubieran cometido determinados delitos de especial gravedad. Y eso contrastaba de lleno con los socios de Sánchez de ERJ y Junts, implicados en la rebelión independentistas de 2017, a quienes no se hubiera podido no ya indultar, sino llegar a la amnistía.
Y desde el panorama presente de los lances de Ábalos, de Santos Cerdán, de Leire Díez y otros cabe preguntarse si alguna vez volveremos a ver a un PSOE no ya con los perfiles históricos de Besteiro, Fernando de los Ríos, Julián Zugazagoitia o de Prieto, sino del profesor Gómez Llorente, Peces Barba, Bustelo, Pablo Castellanos, Redondo, Corcuera, el mismo Rubalcaba (temprano alertador de los riesgos de los proyectos de Sánchez) y otros hoy olvidados dirigentes. Y si lo dirige “el puto amo”, qué clase de partido es hoy realmente el que conserva las siglas PSOE: ¿De cuadros, de masas o “catch all” o partido “atrapalotodo”? Para algunos, especialmente, antiguos socialistas que fueron expulsados o se marcharon al controlarlo Sánchez, “partido sanchista”. Sin más.
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