Rafael Torres
Por las malas
Con la llegada del Año Nuevo, hacemos recuento de muchos de los curiosos fenómenos del antiguo que no han sobrevivido al cambio, y mira que estuvieron presentes en nuestra vida cotidiana con singular potencia. Por ejemplo, nadie se acuerda a día de hoy del apagón que nos dejó a oscuras el pasado mes de abril y que el Gobierno prometió explicar de modo pormenorizado ante la exigencia de una opinión pública que solicitaba una información seria, científica y sincera del fenómeno y que, a estas alturas y con el año vencido, se ha quedado con las ganas. El buen pueblo pide que le cuenten cosas, pero los que tienen que contar no cuentan nada, como pasa con la financiación de las comunidades autonómicas. Uno tiene que creerse por decreto que es maravillosa para todos, sin tener un dato que los demuestre ni un solo número que respalde la bondad y justicia del reparto.
El otro gran sueño evaporado como por ensalmo es el que corresponde a la película “El cautivo”, la cinta firmada por el joven genio Amenábar que, de obra maestra absoluta ha pasado en cuestión de unos meses al olvido más absoluto. La película ponía el acento en la condición sexual del escritor, y desarrollaba la parte de su existencia que el autor hubo de pasar preso en las cárceles de Argel, tras caer prisionera a bordo de una galera que lo traía a él y a su hermano Rodrigo desde Nápoles donde ambos habían vivido durante dos años. “El cautivo” recibió una catarata de elogios incluso disparatados, hasta que un veterano crítico cinematográfico pontificó que le parecía un desperdicio hacer una película basada en la posibilidad de que Cervantes fuera homosexual en lugar de basarla en la certeza de que es el más grande escritor de todos los tiempos en lengua castellana y explicar cómo también en presidio -esta vez en Sevilla- comenzó a tejer el argumento de su obra inmortal “Don Quijote de la Mancha”.
Que no volvamos a saber absolutamente nada de la película de Amenábar entra dentro de lo normal porque hace mucho que los grandes fenómenos artísticos y musicales son tan impactantes como pasajeros. Pero lo del apagón sigue pendiente. Y es hora de que nos lo expliquen.
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