Los milagros de la tele

Publicado: 08 feb 2026 - 03:15
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Opinión. | Atlántico

La mayoría de los expertos en política internacional intuyen que el tratamiento que Estados Unidos está otorgando a la resolución de la crisis venezolana y el tiempo posterior a la dictadura de Maduro puede y debe acabar en debacle. De Maduro ya no se sabe nada ni nadie pregunta nada, de modo que es muy posible que se haya convertido en una especie de Edmundo Dantés en el castillo de la isla de If, con las ventajas que otorga el paso de un dos siglos largos de mejoras penitenciarias. Cierto es sin embargo que, si bien el bufonesco líder del movimiento bolivariano está entre rejas Dios sabe dónde, el presidente Trump ha puesto el destino del país en las manos de su más estrecha colaboradora que es, a su vez,, una verdadera incógnita. Lo es para los europeos que no acaban de comprender cómo se puede resolver un problema otorgándole más de lo mismo, si bien cabe también sospechar que a todos se nos escapa algo. Quizá Delcy Rodríguez es, desde hace años, un agente de la CIA de incógnito que lleva trabajando en esta tarea desde hace años. Esa hipótesis blanquearía las andanzas de Zapatero, que quizá también lo sea y no nos hayamos enterado. Para mayor abundamiento, las agencias transmitían ayer sábado una foto de Zapatero departiendo amigablemente con Delcy en Caracas en presencia del ministro Ernesto Villegas y atendiendo amablemente una invitación cursada por Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada, –esa es su titulación oficial al menos- que sigue mandando una barbaridad en el nuevo marco del país, tras la intervención norteamericana.

El aspecto que presenta este plan de transición no es precisamente muy digno de transmitir confianza entre otras cosas, porque el inspirador del procedimiento es el presidente de los Estados Unidos y a casi nadie nos cabe la menor duda de que Trump no sabía situar Venezuela en un mapa. Es posible que ahora sí lo sepa gracias a que Marcos Rubio le ha llevado la mano, pero algunas actuaciones posteriores no son muy halagüeñas. Hace unas semanas y para ilustrar la legitimidad de su anhelo por Groenlandia, la Casa Blanca publicó una ilustración en la que se veía a Trump caminando hacia la puesta de sol ártica de la mano de un amoroso pingüino, ignorando que los pingüinos solo se dan en la Antártida.

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