José Teo Andrés
Manifestaciones
No me cansaré de recordar que la mayor manifestación que hubo en la historia de Vigo no fue reclamando un Estatuto, la gratuidad de la autopista o mejores servicios administrativos. Fue en contra de la apertura de un hospital, probablemente un caso único en el mundo, donde las movilizaciones negativas suelen convocarse contra la construcción de una cárcel cerca de un barrio o de una depuradora, incluso contra una carretera. En Vigo, casi 100.000 personas -contadas de verdad- salieron a la calle en los días previos a que comenzara a funcionar el Álvaro Cunqueiro. Pasados los años, como era normal, aquellas amenazas de terror pasaron a la historia y hoy es un complejo apreciado positivamente, como reconocen las encuestas que se realizan de forma periódica. Pero ahí está el dato.
Vigo es una ciudad de manifestaciones masivas. Antes de la protesta absurda contra el hospital, hubo varias enormes, destacando entre otras la movilización ciudadana contra el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco -tiene plaza en Vigo, que honra su memoria- y otras posteriores, como las sanitarias, que no bajan de 10.000 participantes gracias a la fuerza de los sindicatos en este sector, donde la izquierda, a través de una plataforma bien engrasada, tiene una palanca contra el Gobierno gallego que utiliza legítimamente.
Más raras son las concentraciones como la del miércoles en la plaza del Rey y la Alameda, con unas 4.000 personas, menos pero más llamativas. Doc PS ha obrado el milagro de sacar a la calle a gente que solo lo hace de forma extraordinaria. También ha conseguido que España se lleve mal al mismo tiempo con Estados Unidos y Rusia, y con la UE e Israel, un hecho asombroso. Con Marruecos la política de apaciguamiento no ha funcionado. El Gobierno que llegue tendrá una tarea complicada por delante: buscar un equilibrio con el hostil vecino entre palo y zanahoria que no va a ser fácil ni barato.
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