Xosé A. Perozo
Septiembre con olor electoral
Debo confesar que mi admiración por Pedro I, El Mentiroso, no sufre quiebras, sino que aumenta día tras día. No conozco a nadie -y he tratado a muchas personas con responsabilidad en ambientes muy diversos- que posean ese aplomo, esa seguridad, ese convencimiento en decir mentiras como si fueran autos de fe. Nadie. Su firmeza, en el rosario de mentiras expuesto en el Congreso, fue irreprochable. Ese discurso lo contemplan unos cuantos millones de españoles, recién llegados del extranjero, a continuación se les convoca a votar, y Pedro I, El Mentiroso, arrasa con una mayoría absoluta histórica.
Es una lástima que, como pagamos impuestos como suecos, y cobramos como los países más pobres de la Unión Europea, este año no haya habido millones de salidas fuera de nuestras fronteras, sino millones de personas que se han quedado en casa. Sabiendo de sus grandes cualidades, no es extraño que nuestro Presidente tenga un concepto de sí mismo, que ni su abuela pudo mejorar nunca. Consecuencia de ello han sido sus últimas alusiones al Rey, y debo reconocer que, asumiendo su innata superioridad, es lógico que se sorprenda de que haya, en España, una persona con rango superior a él mismo.
De ahí que haya comenzado por poner los cimientos hacia una República Española, que naturalmente contaría con él como presidente. El problema es que no parece estar el horno de la monarquía parlamentaria para bollos republicanos. Es demasiado temprano. Todavía está pendiente ganar la guerra civil, como se propuso ese gran coleccionista de joyas, José Luis Rodriguez Zapatero. Asimismo, las próximas elecciones, no parecen muy propicias a que pudiera formar Gobierno, incluso aunque se conceda el voto a varios millones de nietos de españoles que viven en la América Hispana. Por si fuera poco, hay gente, dentro del PSOE, que está perdiendo la fe -porque puede perder la alcaldía, la concejalía o el puesto de diputado autonómico- y no hay circunstancia en un partido político que haga crecer más la crítica interna que la evidente posibilidad de un desastre. Nadie se atreve a decírselo, porque, además, no se lo creería. Pero, a corto plazo -y descartado que no podrá ser Rey- es muy probable que no sea presidente de una República, ni de un gobierno, ni siquiera Secretario General del PSOE. Eso sí: Pedro I, El Mentiroso, pasará a la Historia.
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