Fernando Ramos
En Francia, pitar su himno provoca suspensión y retirada de autoridades
La muy lamentable costumbre adoptada por algunas aficiones, consistente en pitar el Himno Nacional al inicio de las finales de la Copa del Rey, tiene tanto de incomprensible como de execrable. Es en efecto una costumbre execrable que se ha vuelto viral y muestra en toda su crudeza la cerrilidad y la ausencia de educación y de respeto de una buena parte de ciertas hinchadas que se trasladan siguiendo a su equipo a otras latitudes fuera de su zona de seguridad donde esas cosas se alienta y se jalean El comportamiento de estas bandas de trogloditas mostrando orgullosas su falta de respeto a símbolos que nos unen y nos distinguen a todos, su carencia absoluta de urbanidad y respeto para aquellos que no comparten comportamientos e ideologías inclinadas a la secesión que les distinguen, y el bárbaro sentido del respeto y la convivencia que les caracteriza, les hace acreedores a la adopción de medidas que impidan estos espectáculos vergonzantes. Esas medidas tienen base jurídica suficiente para que nadie se escandalice o se llame a engaño, y estarían respaldadas con toda seguridad por una mayoría de españoles que están hartos de semejantes alardes de triste y punible barbarie.
Lo que más extraña de todo este asunto ante el que ya es hora de que la Real Federación Española de Fútbol y los propios clubes participantes adopten un catálogo consensuado de medidas para eliminarlo como la peste de los campos de fútbol nacionales, es que la ferocidad que muestran estas hinchadas no se corresponde con la honestidad de los jugadores, pues todos ellos y en todas las ediciones desde que se creó, se dejan la vida en su conquista con equipos que han hecho de sus triunfos en la Copa del Rey una característica y un apasionado emblema que lucen orgullosos en sus escudos de armas. Los jugadores de la Real Sociedad y Atlético de Madrid que disputaron la última edición de este torneo de prestigio incuestionable y tan democrático que lo juegan equipos de todas las categorías, lo dieron todo en el verde sevillano y se dejaron hasta la última gota de sudor en la lucha por conquistarlo. Tiempo de juego, prórroga y lanzamiento de penaltis otorgó el triunfo a una brava Real Sociedad. Un ejemplo que no merece ese espectáculo en la grada.
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