Fernando Ramos
En Francia, pitar su himno provoca suspensión y retirada de autoridades
Desde octubre de 2008, en Francia sigue vigente, sin que se haya variado el criterio, de que si La Marsellesa o cualquier otro himno nacional en la ceremonia inaugural de un partido internacional o cualquier otro evento, es silbada o protestada, el encuentro será suspendido y las autoridades se retirarán. La decisión fue tomada y divulgada en tiempos del presidente Nicolas Sarkozy, y el presidente de la FFF (Federación Francesa de Fútbol) Jean-Pierre Escalettes. En su momento, la propia ministra de Deportes, Roselyne Bachelot, lo anunció y advirtió a la Federación. El desencadenante de esta advertencia fue que la Marsellesa fuera pitada en un amistoso entre Francia y Túnez en el Stade de France. Pero es que además este mismo hecho tenía precedentes en otros encuentros anteriores entre la selección francesa y la de países que fueron sus colonias como Marruecos y Argelia. Además, ante la previsión de hechos similares, las autoridades francesas establecieron planes de seguridad para el desalojo de los estadios.
En España, en última instancia, los asuntos relacionados con el fútbol dependen del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, a través del Consejo Superior de Deportes, cuyo titular tiene rango de secretario de Estado y es nombrado por el titular del Ministerio, actualmente Milagros Tolón Sánchez. No se tiene noticia, por el momento, de que a nivel de Gobierno se haya tomado alguna medida parecida ni de lejos al criterio que está vigente en Francia, pese a los últimos acontecimientos ocurridos en el fútbol, ambos igualmente graves: en un partido internacional en el que fue pitado el himno nacional de Egipto y se corearon las voces “musulmán el que no vote”. Pero incluso el rechazo y la crítica institucional ante este hecho ha merecido mayor rechazo que el reiterado silbido por parte de la afición de la Real Sociedad frente a la del Atlético de Madrid en presencia del jefe del Estado, quien pareció no querer enterarse. Curiosamente, en ámbitos de los partidos, como Sortu (Bildu) que forman parte de la mayoría de progreso que respalda al actual Gobierno, se ha considerado que en el ambiente de un disputado encuentro de fútbol no se debe dar más importancia a la expansión de las aficiones ni sacar el asunto fuera de ese contexto de fiesta y alegría. Por lo tanto, silbar el himno nacional, en presencia del jefe del Estado y otras autoridades se debe limitar a la expresión de unos aficionados entusiasmados que quieren reafirmar el apoyo a su equipo. Y nada más. Esos sostienen.
Ciertamente frente a otros himnos con letra, como el francés, italiano, portugués y otros, nosotros, en el mejor de los casos, tenemos que conformarnos con tararear las partes de nuestra Marcha Real o Marcha ganadera, adoptada como himno nacional, lo que supone que no sea propiamente un himno cantado, pese a los conocidos intentos no cuajados de ponerle una letra, cosa que tiene que salir desde abajo. El último fracaso de ponerle letra fueron los intentos del presidente del Comité Olímpico Español, Alejando Blanco y de la cantante Marta Sánchez. A veces, en algunos casos se canta la letra de Pemán, pero tampoco ha cuajado.
Algo tan serio como un canto que nos identifique a todos tiene que responder a una necesidad más profunda que la de no ser menos que los demás, cuando en las canchas deportivas se atacan las notas de otros himnos nacionales que, en este caso, sí lo son por poseer el rango distintivo de los mismos, el canto de una letra. Lamentablemente, ese sentimiento nacional está confundido o interferido por otros sentimientos, roles e identidades, supuestas o no, no siempre científicamente sostenibles, cosa que no ocurre en la centralista Francia o la federal Alemania. El respeto que debe merecer el himno nacional o el de otros países con los que compitamos también precisa el clima necesario para activar la conciencia y civilidad que no quede limitada al entusiasmo casero.¿Tomará el Gobierno de progreso de mayoría progresista alguna medida para que se respete el himno nacional en los estadios? ¿Y qué dirían sus socios que dicen que eso iría contra la libertad de expresión? Porque, además, con espíritu gregario, pitar el himno se ha convertido en una moda. Y solo de imbéciles.
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