José Teo Andrés
La madeja del Caso Déborah
El juez de Tui se ha declarado incompetente para, como pide la familia, retomar el caso Déborah pasando la investigación a la UCO, el prestigioso grupo de la Guardia Civil. La respuesta es inquietante, por cuanto no aclara qué órgano tendría la capacidad de dar un “sí” a la propuesta, lo que añade más confusión en un asunto que lleva encima de la mesa desde principios de siglo, tras la desaparición de la joven y el hallazgo días más tarde de su cuerpo en un entorno teatralizado, preparado de forma minuciosa para despistar a los investigadores. Con todo éxito.
La Policía asumió el caso, pero no pudo presentar pruebas concluyentes pese a que se saben algunas cosas: la primera, que Déborah fue asesinada por asfixia, confirmado plenamente en la segunda autopsia. Lo segundo, y más importante, que apareció en una cuneta en la carretera entre Baiona y A Guarda, porque fue colocada allí por alguien, probablemente más de una persona. Antes, el cadáver permaneció durante algunos días en un frigorífico a la espera de una oportunidad para su traslado, lo que exige la participación no solo del autor sino de alguien o de algunos. Todo lo que se llegó fue a la imputación del que era novio de Déborah cuando se produjeron los hechos.
La familia, tras archivarse el caso, tomó nota de los éxitos de la UCO, recientemente en otro asesinato tan complicado como este, y apeló al juez de Tui, que era el que tenía jurisdicción, para que permitiera trasladar todo a la unidad de la Guardia Civil. La respuesta ha sido una vez más decepcionante y confusa y con toda probabilidad, derivará en otro recurso ante el propio órgano, para que reconsidere su posición y, en su caso, ante los tribunales superiores.
La madeja sigue enrollada y quizá la UCO habría podido hacer algo, como ha acreditado sobradamente. La familia ha gastado tiempo y dinero para alcanzar algún resultado y no se rinde. Continuará.
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