Jacinto Seara
Colapso red eléctrica española
O se lee poco, o se escribe mucho. De otro modo no se entiende que de la mitad de los títulos que se editan en España no se venda ni un sólo ejemplar, como asegura amargamente Cegal, la asociación de librerías del país que ha estudiado el fenómeno. ¿Escribimos y editamos por encima de nuestras posibilidades, es decir, por encima de la posibilidad de encontrar lectores, por muy remota que ésta sea?
En España se publica un libro cada 6 minutos, más de 250 al día y de 90.000 al año. Nadie lo diría. Y no podría decirlo porque no sólo la mitad nacen muertos, sin un mísero lector que leyéndolo los vivifique, sino también porque los libros que sí consiguen que alguien los lea, apenas el 4,5% del total de los que se editan, logran vender más de 100 ejemplares. Entonces, ¿por qué se escribe tanto si se lee tan poco? A despejar ese misterio podría acudir el tópico según el cual se escribe para expresar o contar cosas, pero si no hay nadie al otro lado del papel que escuche, que lea, ni se expresa ni se cuenta nada. Puede que la grafomanía se relacione con otro tópico, el que establece que la plenitud en la vida se alcanza plantando un árbol, teniendo un hijo y escribiendo un libro, pero en ese caso, ¿por qué a la gente no le da por plantar árboles y tener hijos en vez de escribir lo que nadie o casi nadie ha de leer? A los escritores no nos queda más remedio que escribir, que es con lo que nos ganamos el pan si tenemos suerte, pero los que no son esclavos de esa dura obligación, ¿qué necesidad tienen? Desde luego que los escritores celebran que tanta gente reconozca el prestigio y la magia de la palabra escrita y que, por eso o por lo que sea, se lance a escribir, pero más celebrarían, por comprensible egoísmo si se quiere, que se lanzaran a leer.
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