Nemesio Rodríguez Lois
¿Qué le está pasando a Donald Trump?
Después de analizar los más recientes acontecimientos internacionales así como las erróneas decisiones tomadas por el presidente Donald Trump, es lógico que nos hagamos la pregunta con la cual titulamos este comentario.
Y es que, desde que se inició 2026, Trump no ha dejado de sorprendernos.
El 3 de enero, como regalo de Año Nuevo para los venezolanos, el narcotraficante Nicolás Maduro fue derrocado, capturado y recluido en una prisión de alta seguridad de los Estados Unidos.
Aparentemente, Venezuela se había liberado de la dictadura chavista que la viene oprimiendo desde hace más de un cuarto de siglo.
Resaltamos el adverbio aparentemente porque -a pesar de la caída de Maduro- poco han cambiado las cosas en aquel país; especialmente porque el siniestro Diosdado Cabello ocupa un puesto decisivo en la estructura gubernamental.
Según esto, más que desmantelar a la dictadura chavista, lo que a Trump le interesa es el petróleo venezolano.
Hace alunas semanas, Trump afirmó categóricamente que el dictador cubano Miguel Díaz Canet, tenía los días contados.
Pasaron los días formando semanas y el dictador sigue en su puesto.
Aparte de afirmaciones folklóricas como la de que Groenlandia será pronto parte de los Estados Unidos o de que le cambió el nombre al Golfo de México, hay otras decisiones de Trump que nos hacen meditar.
¿Por qué se le ocurrió a Trump meterse en el lodazal de Irán? ¿Acaso desea repetir las tristes experiencias de Kennedy y de Johnson en Vietnam?
Según Trump, todo hacía suponer que Irán quedaría reducido a escombros en cuestión de horas, pero no ha sido así.
La guerra se complica conforme va pasando el tiempo y eso preocupa al Papa León XIV quien insiste en pedir la paz.
Dicha petición de paz la tomó Trump como un ataque al cual respondió insultando al Pontífice y -consecuencia natural- acabó distanciándose de su aliada Meloni, la primera ministra italiana.
Prudente sería que Trump se enterase acerca de lo que afirma Santo Tomás de Aquino sobre la guerra al afirmar que la causa debe ser justa, tener esperanza de victoria y que, como consecuencia, no vaya a empeorar la situación.
No dudamos que el régimen iraní de los ayatolas es un régimen salvaje que viola los más elementales derechos humanos.
Deseando liberar a los iraníes de dicha opresión, Trump se metió en Irán creyendo que pisaba un charco para luego darse cuenta de que se ha metido en un pantano.
Al ver como el conflicto se recrudece, sacamos por conclusión de que son escasas las posibilidades de una victoria que, en caso de obtenerse, vemos lejana.
Entretanto, la situación empeora lo cual convierte a la empresa bélica de Trump en una guerra injusta.
Ahora bien, si todo lo que hemos dicho no hace reflexionar a Trump, lo que si debería preocuparle es que faltan seis meses para que se celebren elecciones.
Según las encuestas, así como del creciente malestar de los norteamericanos, todo hace suponer que los candidatos republicanos sufrirán una aplastante derrota.
Y si eso ocurre, Trump se convertirá en lo que en política norteamericana se conoce como un “pato cojo” o sea que perderá el control del Congreso para convertirse en una figura decorativa.
Y lo peor de todo es que -con miras a las presidenciales de 2028- esto perjudica a potenciales candidatos presidenciales republicanos como pudieran serlo el vicepresidente Vance o el secretario de Estado Marco Rubio.
Ojalá que Trump recapacite y no siga haciendo honor a su apellido queriendo resolver todo a trompadas.
De lo contrario las consecuencias -a mediano plazo- pueden ser desastrosas para el mundo occidental.
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