Fermín Bocos
El fusible de la crisis de Ceuta
Beatriz Biedma, la juez de instrucción que condujo a la condena de un modo bastante atenuado por cierto, al hermano del presidente del Gobierno y a su mentor Miguel Gallardo, se ha personado como acusación particular en el procedimiento que se inicia contra la trama que se ha dado en llamar “las cloacas del PSOE”, en justa reciprocidad al calvario de acoso, maledicencia, chantaje y desprestigio continuado que ha padecido durante el desarrollo de esta causa. La juez Biedma, que fue objeto de una campaña perfectamente coordinada y financiada para obligarla a apartarse del caso que afectaba a la Diputación de Badajoz o emitir una sentencia absolutoria, se convirtió en objetivo de un operativo pilotado por la supuesta periodista Leire Díaz, convertida en ejecutora de Santos Cerdán, que perseguía inutilizarla a cuenta del chantaje, la denigración y el miedo. Se amenazó y vejó a la magistrada y a su familia –existen comentarios atroces sobre el aspecto físico de su hermana- como parte de esta trama. Una campaña a gran escala cuyo objetivo no era otro que salvaguardar la persona del presiente Sánchez y sus familiares más próximos, utilizando para ello todos los métodos posibles. Y cuando la juez Biedma dice en su petición al titular de la causa, -su compañero de judicatura el juez Santiago Pedraz- “todos los medios posibles”, no tiene ánimo de exagerar en absoluto y lo refrenda afirmando que la investigación demostrará que la trama del PSOE dirigida por Leire Díaz, se puso en contacto con cierto clan de la droga que opera en el sur del país y que está asentado en Badajoz, para llevar a cabo la misión.
El hilo de esta madeja parte, según narra el escrito, de una de las agendas incautadas por la UCO a Leire Díaz y cuyas anotaciones respaldan esta afirmación que la juez Biedma garantizar poder documentar durante su intervención como acusación particular en la causa. Y es que con la llegada de septiembre y el ocaso del verano, las viejas cuentas pendientes no desaparecen sino que han sido simplemente adormecidas con las vacaciones. Pero estar, lo que se dice estar, siguen estando.
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