Xabier Vila-Coia
El azar y la probabilidad: ¿Consentimiento informado o sometimiento informado?
Desde la publicación del libro de Eric Hobsbawm y Terence Rangede quedó establecido que buena parte de las tradiciones que se dan por milenarias son un invento, una confusión o directamente una falsificación. La lista de ejemplos es tan larga que no cabría aquí. Me quedo con una muy llamativa que los propios autores de “La tradición inventada” reseñaron. El legendario kilt de los clanes escoceses en realidad lo impusieron los ingleses hace menos de 300 años para identificar mejor a los caledonios. Ambos concluyeron que la idealización romántica de una supuesta cultura antigua de las Tierras Altas fue creada en un proceso de invención a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Y casi todo así.
En el ámbito gallego hay mucho y muy variado, con los suevos como grandes protagonistas de un mítico un reino medieval de brumas como uno de los más persistentes, asumido por Camilo Nogueira en su historia/epopeya galaica. Pero me quedo con el Conxuro de la queimada, que tiene autor y no de tiempos remotos, sino de hace apenas medio siglo. Su creador se llamaba Mariano Marcos Abalo y era un personaje único, empleado del Banco Pastor en Vigo de profesión, y “queimador” en sus ratos libres, además de poeta y experto en heráldica. Su casa, donde tuve la oportunidad de estar, era un museo y entre otras curiosidades, coleccionaba esquelas con “alcume”, que todavía hoy aparecen en los periódicos. Tenía miles, clasificadas. Pero su mayor logro fue un conjuro mágico para la queimada que se popularizó tan rápido que con la misma velocidad acabó por perder su autoría. Pleiteó durante años y finalmente logró la propiedad intelectual aunque sin efectos económicos. Suficiente para Mariano, otro gran inventor de la tradición.
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