Manuel Orío
Después del verano
Lo de Ceuta no son solo los asentamientos permanentes de inmigrantes que entraron ilegalmente en la ciudad, en territorio español, violando la frontera. Han constituido ya una población paralela, instalada y que, según pruebas evidentes, está recibiendo ayuda desde Marruecos en forma de alimentos, equipos, ropa y hasta artículos para formar mercadillos y una especie de tabernas populares. Y con ellos, una ONG alemana que provee a los inmigrantes de medios de apoyo técnico para sus móviles, o el amigo de Mahamed VI que reparte hamburguesas. Y todo esto porque El Gobierno de España lo permite.
No se sabe ni cuántos son ya, pero las fotos aéreas muestran su crecimiento. Aseguran que no se van a mover de allí y que esperarán lo que sea preciso hasta que los trasladen a la península. En uno de estos reportajes, uno de los asentados que ha montado un servicio de comidas destacaba la ayuda que le brindan sus parientes desde Marruecos. Y qué decir de los menores. Las autoridades judiciales de Ceuta subrayan que ninguna madre ha solicitado que le devuelvan a sus hijos, sino que quieren que se queden y sean educados en España.
Y por si faltaba algo, en el colmo de disparate, pretendidos intelectuales progresistas publican interminables análisis disparatados donde insisten en que Pedro Sánchez ha estado y está actuando bien por su prudente actitud ante Marruecos. O sea, que no se debe provocar la reacción del país desde el que ha partido la invasión y que se deben mantener buenas relaciones con él. Sabemos que los inmigrantes ilegales están preparados y cada vez se consolidan más para seguir el Ceuta hasta que España ceda. Y que todo esto no ha sido más que un ensayo. Por eso Sánchez tiene que ser prudente, no vaya a ser que Mohamed VI se enfade y nos mande oro contingente o permita que los cinco mil subsaharianos concentrados en la frontera la asalten.
El tiempo juega a favor de Marruecos. No tiene más que esperar que el desánimo, el abandono y la desesperación produzca su efecto esperado en Ceuta: que la gente que pueda la abandone, que no haya repuesto ni relevo generacional. Ceuta caerá como una fruta madura y España tendrá que desprenderse de ella. Está bien pensado. La invasión del 30 de julio fue un ensayo bien planificado en varias fases. Una parte numerosa de la vanguardia de 80 mil personas se retiró a sus bases de salida, según lo previsto, pero dejaron en el campo a ocupar un retén de carios miles que, una vez asentado, y suministrado, se prepara para resistir hasta alcanzar la meta final y demostrar que esta nueva “Marcha verde” ha sido efectiva.
¿Cuál es el mensaje de Pedro Sánchez y su coro a los ceutíes? ¿Y a los melillenses? Los testimonios de los agentes de las fuerzas y cuerpos de la Seguridad del Estado que soportaron el desembarco inicial es conmovedor ante la impotencia de tener que asistir impasibles a la invasión ¿Y qué decir de los soldados, de una reducida y mermada guarnición que no pueden llevar encima las armas reglamentarias para la función que tienen asignada? O sea, que, de cada cuatro, sólo uno puede llevarla. ¿A quién se la ha ocurrido esta ignominia?
Lo de Ceuta va para largo. Porque no se hizo, como debiera haberse hecho desde el primer momento, no sólo la declaración del Estado de Emergencia, sino incluso el de sitio, cuando una parte del territorio nacional es invadido y haber procedido de inmediato con todos los medios necesarios. Marruecos le tiene bien tomada la medida al prudente Sánchez. Y mientras, como el diario de Ceuta ha mostrado con imágenes, las mafias están trasladando invasores de Ceuta a la península, por medio de narcolanchas. La mayoría de los recorridos clandestinos se dirigirían a la bahía de Cádiz.
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