José Teo Andrés
Los niños del Sahara
A pesar de lo que algunos podrían haber supuesto, el verano no ha hecho otra cosa que ejercer su papel de aparcacoches y aplazar un tiempo razonable la catarata de causas judiciales que acosan a Sánchez, su familia y sus más íntimos colaboradores. Quien sospechara que este tiempo de ocio y descanso pudiera ejercer como un mágico bálsamo capaz de borrar de un plumazo lo que no es grato, no puede estar más equivocado porque, inexorablemente y sin que nadie lo remedie, las cosas vuelven y el ciclo se reactiva. El banderín de salida se ha movido pegado a la oreja del ex presidente de la aerolínea Plus Ultra, quien acaba de reconocer que pagó un 1% a Zapatero y su gente para que se hicieran cargo de conseguir el rescate de 53 millones para enjugar el déficit de la compañía y salvarla. Para Zapatero se abre un panorama de incertidumbre y zozobra que recupera todos las facetas de delitos que acosan al ex presidente, sus socios, su mujer y sus hijas y sus pantallas empresariales, y que probablemente le amargaran la vida los próximos años. Se trata de una situación muy difícil que se resuelva como se resuelva, ha acabado con su prestigio, su condición y su fama. Pero la causa aún está por resolver.
El verano ha servido quizá para olvidar a José Luis Ábalos y Koldo García que ya están condenados, pero aún están abiertos los casos que afectan a Santos Cerdán, a Leire Díez y a todos los involucrados en el caso de las cloacas. Y en ese ámbito tan enrarecido al que al nudo del conflicto le salen patas, esa patas señala tentáculos como el que acaba de poner sobre la mesa la jueza Tardón que investigará en la Audiencia Nacional la crisis de Ceuta por “vulnerar la integridad del Estado”. Pero también y en la misma instancia, se abre procedimiento para investigar un contrato ficticio de 15 millones ligado a la posible financiación del PSOE.
En consecuencia, que volvemos a la casilla cero, la que dejamos al iniciarse un periodo amable e idílico capaz de tapar todas las penas. Al menos, para el presidente Sánchez, que tuvo el paradójico deseo de aprovechar la invasión de su país para irse de vacaciones.
Contenido patrocinado
También te puede interesar