Manuel Orío
El amigo fiel, leal y siempre benéfico
La supongo enterada, dilecta leyente, del caso del joven que acaba de ser detenido por simular su propio secuestro para pagar con el "rescate" de su liberación una deuda de juego. Y es que el impago para estos jugadores, no solo es un "deshonor" que les supone el ostracismo, la prohibición de entrar en cualquiera de estos garitos y entrar en una lista negra, que me río yo del fichero ASNEF, sino que además existen unos cobradores muy expeditivos para tales incumplimientos. Algo de esto pudo tener relación con el conocido como "Crimen de Nigrán", en cuanto al móvil, al menos de uno de los autores; parece que con los "dóberman recaudadores" pisándole los talones. En otros casos, debido a la presión, el infortunio termina en suicidio.
El hecho es que nos bombardean desde todos los flancos para que apostemos a todo, ofreciéndote una amplia gama de juegos de azar. Al principio era la Lotería Nacional y las Quinielas. Ahora, Bingos y rutilantes Máquinas Tragaperras (la adicción de las amas de casa, que habían sobrevivido a otras perversiones), Hípica, Casinos, Ruleta, Euromillones, Primitiva, etc., gastándose cantidad ingente en publicidad. A través de la televisión te meten el vicio en casa por medio de los juegos online, ofrecen premios astronómicos y, lo peor, utilizan la imagen de ídolos del deporte como reclamo; lo que parece bastante contradictorio (igualando el esfuerzo con la suerte), despertando con ello la incontrolable codicia de unos y la errónea solución para sus problemas, de otros
Y es que el Estado nos ha abocado al juego de azar, convirtiéndonos en futuros ludópatas, bien por propia mano o por mano ajena. Por una parte prohíbe la publicidad de las bebidas alcohólicas y restringe la "fumeta" que eran vicios tradicionales y por ello controlables, y por otra nos meten el juego, con tanta o más adicción que las drogas. ¡Luego nos quejamos del número de ludópatas que tenemos! No en vano recientes estudios advierten que un 3% de la población va camino de serlo. Por ello, tal vez habría que ir pensando en demandar a la cadena de televisión, a la empresa de juegos o al Estado, por los perjuicios causados.
Bien, centrándonos en el caso que nos ocupa, tenemos que hay dos supuestos implicados (ahora diríamos investigados): el andoba que fingió ser víctima y el waltrapa que ejerció de secuestrador con amenazas a los padres. Aunque mi instinto me dice que pudo haber un topo "en medios cercanos a la investigación".
Podrían haberse cometido los siguientes delitos: Simulación de Delito, Amenazas condicionales y Estafa.
La Simulación de Delito, a diferencia de la Acusación Falsa, solo tiene una pena de multa; en este caso fingiendo haber sido víctima de un secuestro, pero sin incriminar a nadie en concreto. Pero incluso el hecho podría quedar impune si triunfa la teoría que exige que se hayan abierto "actuaciones procesales", como elemento integrante del ilícito penal, por lo que, de ser así, no cabría ni tentativa por la denuncia penal, en el supuesto de que, cuando el "bandarra" se presentó en su casa, no se hubieran abierto Diligencias judiciales.
Amenazas condicionales, consumadas, pero sin conseguir su objetivo (de 6 meses a 3 años). El legislador parece hacer una distinción entre el delito consumado y el agotado. Al haber sido hechas por teléfono se le aplica la pena en su mitad superior, o sea quedaría entre 21 y 36 meses, con probable riesgo de pisar el talego.
Estafa en grado de tentativa, ya que, como parece, no llegó a producirse el acto de disposición en perjuicio de los engañados. Es decir no llegó a entregarse la guita. Así que la condena quedaría entre 3 meses y año y medio de prisión. Pero, dilecta, creo que me estoy saliendo del espacio, así que, si le "plugue", mañana continuamos con la responsabilidad concreta de los andobas.
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