José Teo Andrés
Un pacto, pese a todo
Maricarmen, la anciana desahuciada cuya historia ha dado la vuelta al mundo, o la individualización del sufrimiento televisado. No es lo mismo ver el hundimiento de una patera que la personalización del niño superviviente cuando, ya acogido en los servicios sociales, habla de su hambre y del cable que Dios no quiso echar un cabe a sus padres desaparecidos en el naufragio.
¿Cuántas criaturas anónimas habrán quedado en el camino hacia donde el hambre los llevaba? Cientos, miles, mejor no saberlo, si queremos dormir en paz. Pero no los pasaron individualmente por los telediarios a la hora de comer para tocar fibras sensibles en los mundos del bienestar.
No se trata de minimizar el caso de Maricarmen sino de prevenirse frente al oportunismo de los cuentos destinados a taponar el llanto de la buena gente que simpatiza con la anciana. No quedarnos de nuevo en una revocable exigencia a los poderes públicos. Incluido el actual gobierno "progresista", que nunca hizo lo debido para que la vivienda dejara de ser exclusivamente un bien que se compra y se vende y fuera también un derecho que el Estado debe garantizar porque es un mandato de la Constitución.
Solo al niño televisado que cuenta su epopeya pueden salirle pretendientes públicos y privados para quedarse con su tutela. Del mismo modo que a Maricarmen, después de ocho años de pleitos con sus caseros, le han salido cientos, miles o cientos de miles de almas solidarias y dispuestas a tomarse la justicia por su mano contra los agentes que el otro día ejecutaron en Madrid uno de los 4.000 desahucios que se han producido en España a lo largo de 2026. La cifra no ha dejado de crecer desde que Sánchez entró en la Moncloa hace más de ocho años con la promesa de que acabaría con ellos.
El año pasado 18.000 lo fueron por impago del alquiler ¿Creen ustedes que en esa cifra no caben cientos o miles de casos similares o, en todo caso, igual de lacerantes que el de Maricarmen, incluidos aquellos en los que los afectados sí asumieron el abandono voluntario sin necesidad del "desalojo forzoso?
Bien está la compasiva solidaridad con los más vulnerables. Tampoco es la primera vez. Y me temo que, como en tantas otras ocasiones en las que un "lanzamiento" (desalojo forzoso de la vivienda por orden judicial), personalizado en una anciana, un anciano, una familia vulnerable que no puede atender el pago del alquiler o el vencimiento de una hipoteca, la conmoción social va a durar lo que dure su efecto mediático.
Seguiremos en las mismas si eso ese queda en una nueva reyerta entre los partidos políticos, ya con la vista puesta en las venideras elecciones de 2027. Y es lo que se nos viene a la cabeza cuando vemos como Sánchez, de "progre" por Nueva York, vuelve a usar el comodín de Ayuso.
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