Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha sido el último aldabonazo para los partidos de la ultraderecha europea a los que el propio presidente estadounidense ha decidido encomendar el trabajo de que acaben con la Unión Europea, a la que considera su enemiga porque los países que la integran son unos gorrones. Sin embargo, la proyección sin freno de los partidos ultraderechistas se ha frenado a tenor de las últimas comparecencias de los ciudadanos en las urnas. En Francia, sin negar que el partido de Marine Le Pen ha obtenido buenos resultados, se ha quedado fuera del poder en las tres grandes ciudades, París, Lyon y Marsella. En las recientes elecciones de Dinamarca el bloque izquieridsita de la primera ministra Mettre Friederiksen ha logrado mantener el poder, aunque tendrá que contar con los centristas, gracias a la oposición a los deseos de Trump de hacerse con Dinamarca. Y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, la alumna adelantada del mandatario estadounidense en Europa ha perdido el referéndum que había planeado para controlar la justicia. Aún hay partido.
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