Carmen Tomás
Sánchez pisotea al Congreso
Algunos datos, no necesariamente relacionados entre sí, pero que pueden dar una idea de cómo están las cosas por esta ciudad.
Uno. La inversión real del Gobierno en obra nueva en Vigo en los últimos tres años y medio, computando tan solo la legislatura que se inició a partir del verano de 2023, fue de 13 millones de euros en dos actuaciones que ya estaban previstas desde hace años. En concreto, en la mejora y ampliación del paseo de Samil y en la reforma de la avenida de Madrid. Supone el 0,2 por ciento de los compromisos históricos -por los años pasados- adquiridos, desde el AVE por Cerdedo -que ni hizo el Ejecutivo saliente ni lo hará ninguno- hasta la nueva autovía a Porriño o la recuperación de la AP-9 para acabar con el peaje amplificado hasta 2048. Todo eso suma al menos 6.000 millones de euros. Hagan cuentas.
Dos. La renta bruta media de los vigueses ha subido con fuerza en el último ejercicio certificado por el Ministerio de Hacienda, constatada en sus estadísticas publicadas con fecha 2024: unos 2.000 euros más por persona que el año anterior, entrando el municipio en el “top 10” de Galicia. No es poco. En el mismo período, la riqueza de los coruñeses subió de promedio en 4.000 euros y ya supone más de 7.000 euros anuales de diferencia sobre los vigueses. Un ciudadano de A Coruña dispone de esa cantidad extra cada año. Hagan cuentas.
Estas dos cifras definen lo que ha pasado y pasa en Vigo. Hay otras, como la caída en picado del stock de vivienda en el circuito de alquiler, al menos el 35%, mientras la demanda creció el doble. La solución pasa por incrementar la oferta con un programa de construcción de pisos a través del Plan General y los planes de la Xunta para la urbanización y desarrollo de nuevos polígonos residenciales, replicando el modelo Navia. No hay más. El resto, magia
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