José Teo Andrés
Puerto nodal
Puestos a reconocer, reconozco que no soy lo que se dice un gran aficionado al tenis, un deporte en el que nuestro país, por razones que desconozco, se ha erigido en potencia mundial y nos está ofreciendo de generación en generación, representantes extraordinarios. No lo he practicado al contrario de otras manifestaciones deportivas como el fútbol, el baloncesto o la natación, con las que coqueteé con éxitos muy relativos, cuando era joven. El tenis ha terminado pareciéndome un deporte sumamente difícil de practicar y demasiado largo para contemplar, seguramente porque me falta temperamento y me sobran otras manifestaciones que pudiera quizá considerar más gratificantes.
Pero a pesar de ello me produce una especial admiración la fortaleza mental de sus jugadores y su capacidad de entrega, sacrificio y poderío de carácter que produce milagros diarios relacionados con el comportamiento en la pista, su enorme fuerza de voluntad para remontar situaciones adversas y su infinita capacidad para imponerse incluso a sus debilidades que si las tienen difícilmente se aprecian. Se trata por tanto de un ejemplo permanente de superación y hemos de tener muy presentes, con verdadera devoción y admiración infinita, los casos muy cercanos de Carlos Alcaraz que ha acabado cediendo en Wimbledon ante un rival al que le tiran tres pelotas a la vez y las devuelve todas, y nuestro campeón Martín de la Fuente que ha ganado nada menos que el cuadro de dobles en silla del mismo torneo, una hazaña que bien merece el reconocimiento de una ciudad que es la suya y que no suele ofrecer personalidades sobresalientes a título mundial de la talla y la proyección del tenista vigués, orgullo de todos y ejemplo que puede abrir caminos excelentes a futuras generaciones de campeones.
Pero antes fueron Santana o Arilla, Gimeno o Couder, Orantes, Sánchez Vicario, Ferrer, Corretga o Feliciano y naturalmente Rafa Nadal al que ha sucedido un tenista completamente distinto llamado Carlos Alcaraz cuyo temperamento no tiene nada que ver con el del manacorí ni coincide con él en su filosofía vital pero que va a ser igual o mejor que su universal referente. Aunque yo no sea un fan del tenis, esa condición de brillantez y presencia de nuestros chicos y chicas de la raqueta en la galaxia de los mejores es para sentir un orgullo inconmensurable.
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