Gibraltar es territorio pendiente de descolonización para la ONU

Publicado: 23 jul 2026 - 03:15
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Decía Toynbee que a veces en la historia se producen sucesos de aparente importancia, pero sin emociones. Pensaba en ello al ver el modo en que el presidente Sánchez celebraba como un gran hecho histórico singular la retirada de la verja que cerraba el espacio usurpado por el Reino Unido en el peñón de Gibraltar, colocada por la metrópoli en 1909 y luego completado con otra verja del lado español. Sánchez largó un discurso triunfal considerando la retirada de la verja que cerraba el paso a la colonia como un gran evento de la Humanidad, como lo que fuera la caída del muro de Berlín, con el que comparó la verja retirada que permite el paso libre entre lo que el Reino Unido llama territorio ultramarino y el Campo de Gibraltar. Y se abrazó con Picardo. Pero cómo se puede decir que cae el último gran muro de Europa y que se pone fin a un conflicto de tres siglos, que nada cambia en lo esencial frente a que España hasta ahora nunca dejó de reclamar. Y, además, la colonia sigue pendiente en la comisión de descolonización de las Naciones Unidas.

Estos días hemos seguido la frivolidad con que este asunto ha sido tratado por algunos medios con total ignorancia. Tele5 llegó a afirmar que la verja que se retiraba “la había instalado Franco en 1969”. En realidad, fue en ese año cuando España cerró el control de su lado y cortó tráfico y comunicaciones por tierra con el Campo de Gibraltar. Lo curioso es que Castiella, que era ministro de Exteriores, se limitó a aplicar el propio Tratado de Utrecht, donde se especifica, al tiempo de la cesión de la Roca, que ésta no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino. De suyo, hasta que Felipe González reabrió la frontera, Gibraltar se comunicaba por mar con Algeciras, como yo mismo he visto más de una vez.

Porque lo cierto es que España, sin emoción, sin intervención de su propio parlamento, como miembro subsidiado de la Unión Europea, ha asistido impasible al acuerdo del Reino Unido con la Unión Europea que había abandono por su propia voluntad, para mantener una serie de ventajas, excepciones, privilegios y tratamiento con una parte de su territorio, que sigue siendo una colonia, aunque le llamen territorio ultramarino, a cuya cabeza se haya un gobernador militar y una guarnición, al margen o por encima de la estructura civil de un premier y sus competencias. Conviene recordar que Gibraltar figura en la lista de territorios no autónomos de la ONU.

Quién nos diría que veríamos a un presidente del Gobierno de España, de espaldas a la colonia, felicitarse porque se consume la ocupación del terreno usurpado por el Reino Unido con toda felicidad. Porque ya hemos visto que, por encima del gozo general, Gibraltar ya saluda la nueva situación con medidas complementaria para marcar sus espacios y anunciar diversas restricciones a esa nueva libertad de circulación, en lo que afecta a los propios taxistas del lado español.

La población genuina de Gibraltar la constituyen una mezcla de malteses, genoveses, hebreos, y británicos diversos, procedentes de otras colonias, junto a hindúes y marroquíes, con la ventaja de disfrutar de todas las ventajas de poder tener una segunda vivienda en España, usar nuestros hospitales públicos y recibir de España todas las asistencias necesarias para comodidad de la colonia. Y cabe recordar que en tiempos de Aznar y Blair se estuvo cerca de la transformación de la Roca en un territorio compartido entre Su Graciosa Majestad y Su Majestad Católica- Sería una especie de Andorra. Se estima que un 20 por ciento de los Gibraltareños viven en España, en su mayoría en urbanizaciones de lujo, como Sotogrande, como el propio Picado (que tuvo su segunda residencia este lugar)-

En Main Street se ven menos carteles de los de antaño: "British For Ever". En su lugar se anuncian rebajas y grandes descuentos en español y anuncios como “Gibraltar, tienda para España. Al poco de abrir la frontera para el tránsito peatonal, los primeros viajeros que entraban en la Roca advertían un único cartel, una única advertencia en castellano: "En Gibraltar no se conoce la rabia. Se prohíbe la entrada de perros” Después, cuando los turistas empezaron a fluir, los británicos colocaron otro cartel en castellano: "Se prohíbe dar comida a los monos: (por cierto, que su custodia es responsabilidad de un sargento).

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