José Teo Andrés
Los dos problemas
A los que somos de natural sensible y tendemos al acento romántico, nos mueve la conmiseración cuando se plantean situaciones que implican un cierto debate. En definitiva, que solemos ponernos del lado del más frágil cuando se establecen debates con uno que puede y otro al que le pueden. Por eso tampoco yo puedo por menos de sentirme entristecido con la marcha de Dani Carvajal del Real Madrid aunque sospecho que es una situación que marca la ley de la vida, lo cual no deja de parecerme injusto y desventurado. Por el mismo camino de pensamiento estoy con estos últimos minutos que le quedan a Álvaro Arbeloa en su banquillo, una cuestión que tampoco admite mucho diálogo ni demasiadas horas de reflexión, salvo para considerar que el antiguo jugador y pasajero entrenador estaba condenado al fracaso como puesto allí para aguantar el chaparrón hasta final de una infeliz temporada y dar paso al sujeto que le toca reconstruir un equipo que se ha derrumbado. Ese sujeto según cuentan y no paran los notables del periodismo deportivo, es el ya conocido –y en muchas ocasiones padecido- José Mourinho, un sargento de hierro agitador, inflexible y malhumorado que conoce la casa y que va a entrar en ella con el verduguillo en la mano según reseñan esas crónicas apócrifas. No soy yo muy partidario de la vuelta de este caballero de genio bronco pasado de testosterona, pero no da la impresión de que exista posibilidad de frenarlo salvo que se produzca duelo en la cumbre, cambie la presidencia y todo cambie. El Madrid no es el Gatopardo y si la cosa va de cambiar se cambiara de verdad para bien o para mal.
Lo mío ahora es llorar por la marcha de Carvajal, el niño que colocó la primera piedra de Valdevebas y que treinta años más tarde ha de hacer el hatillo, guardarse en él todos sus títulos, honores y lisonjas y buscar acomodo para cubrir la madurez hasta la retirada definitiva. En este irremediable camino de renovación en el que el Madrid nunca hace bien las cosas, quien más me duele sigue siendo Luka Modric, al que hay que recuperar urgentemente cuando deje de vestirse de corto con la rojinegra del Milán. Carvajal, Modric, Arbeloa… son el Madrid. Y se merecen más de lo que han recibido por ahora.
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