Ramón Pastrana
Macronials
De nuevo el BNG se ha puesto en campaña para reclamar la demolición de la Cruz del Castro, que califica de “fascista”, una palabra muy seria. Está en su derecho, pero hay que hacer algo de historia local para poner las cosas en su sitio a la hora de tomar decisiones y evaluar los actos. El propio BNG fue una de las fuerzas que en la primera Corporación, la elegida en 1979, avaló mantener la Cruz en su sitio, en un acuerdo tomado por unanimidad por un ayuntamiento con mayoría de fuerzas de izquierda y nacionalistas. Con buen criterio se decidió entonces cambiar el callejero y recuperar el anterior a la Guerra Civil (una docena de calles se desprendieron de militares sublevados para reconvertirse en Areal o Porta do Sol) y eliminar toda la simbología franquista de la Cruz del Castro para que se mantuviera, pero solo como símbolo de reconciliación. Hay que recordar, y de nuevo hacer historia, que fue inaugurada por el propio Franco como monumento a los caídos en la Guerra Civil en septiembre de 1961 en una de sus visitas en la que también “bendijo” la nueva Estación Marítima y el monolito de Cíes. Este último fue dinamitado durante el mandato de Zapatero, no así la Cruz, que había sido indultada por el Concello. Más recientemente los tribunales avalaron su continuidad y que no sería de aplicar la Ley de Memoria, precisamente por su condición de cruz, sin añadidos, tras la “limpieza” realizada por la Corporación municipal de 1979. Por unanimidad, como recordaba Manuel Soto, alcalde socialista entonces, cuando le preguntaban por este asunto.
Volar una cruz no parece un gesto muy civilizado. Recuerda a los talibanes cuando hicieron saltar por los aires los budas de Afganistán.
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