Fernando Ramos
La trampa del decreto ómnibus para colar los compromisos del Gobierno
Entiendo que a Vox la regularización de medio millón de inmigrantes, que alimentaban la economía 'sumergida', le parece fruto del "odio de Pedro Sánchez a los españoles", y por eso quiere sustituirlos por gentes venidas de otras latitudes, gentes quizá -esto no lo dice el partido de Abascal, pero se les entiende todo- de piel más oscura, con otras costumbres. O sea, que España se oscurece, no por el gran porcentaje de economía 'negra', o B, que sin duda existe, sino porque los inmigrantes que llegan, aunque en su mayoría son latinoamericanos, tienen la piel más oscura, que diría -quizá lo dice así, expresamente, en sus conversaciones republicanas- Donald Trump, el hombre sin misericordia.
Vaya por delante que esta regularización, o legalización, decretada por el Consejo de Ministros del pasado martes me paree acertada. Un país que funciona adecuadamente no puede estar cargado de habitantes que viven en la ilegalidad, incluso en la clandestinidad, como dijo hace poco un ministro de Starmer refiriéndose, claro, al Reino Unido, que también tiene lo suyo. Cosa bien distinta es que, aquí, y referente a lo actuado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, haya mucho que criticar en la forma legal, un decretazo que sortea al cada día más inane Parlamento, y también en las formas políticas, sin pretender un consenso previo con otros partidos y sin hablar con quienes más conocen del tema. Pero esto, actuar sin encomendarse ni a Dios ni al diablo y casi siempre por intereses electoralistas más que altruistas, es seña identificatoria consustancial a la acción de nuestro Gobierno.
También me gustaría escuchar una rectificación por parte de Vox acera de la barbaridad a la que al comienzo de este comentario me refería. Como me parece que sería medida inteligente y necesaria iniciar una lucha contra esa economía 'sommersa', al margen de facturas, de IVAs y de otras cargas fiscales, que aseguran que podría estar ya rozando hasta el 30 por ciento del total de la economía nacional. Mucho me parece, porque un porcentaje tal devaluaría no poco esos brillantes resultados macroeconómicos con los que el Gobierno se regocija (con razón), aunque nuestros bolsillos particulares no lo noten tanto. No puede ser, creo, que uno de cada cuatro trabajos sea 'negro': me resisto a aceptarlo.
Bienvenidos a la luz, en todo caso, esos quinientos mil clandestinos: ahora, pongamos los focos en que su actividad laboral, que nos es tan necesaria aunque algunos se resistan a verlo -de hecho, apenas existe paro en España, digan lo que digan las cifras oficiales, que lo sitúan de todas formas por debajo del diez por ciento-, también esté regida, como la de usted y la mía, por la luz y los taquígrafos. Es la única manera de tener una situación económica verdaderamente sana, por mucho que nuestro PIB crezca por encima del de los alemanes. Pero esa, que parece una serie de ficción, sería otra película, a comentar otro día.
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