Fermín Bocos
'Corruptio optimi pessima'
Csegunda actividad como en la milicia, somos muy de leernos a nosotros mismos lo que, en ciertas ocasiones hace que nos miremos demasiado el ombligo. Leer entrevistas que hacen periodistas a otros periodistas es un ejercicio que tiene cierto aroma de masoquismo –al fin y al cabo, el inquietante caballero Leopold Von Sacher-Masoch era un escritor al que le gustaba que lo zurraran- y suelen consistir en un complaciente diálogo entre dos sujetos que derrochan o carecen de lo mismo. Hace unos días, leí uno de estos ejercicios de redacción a los que no suelo ser aficionado, en el que una periodista suficientemente conocida y temida por la clase política gracias a su siempre muy comentada perspicacia, afirmaba no haber podido llevar una vida discreta y confortable contando en este ámbito con una relación estable de pareja, por su servicio a la profesión, una permanente queja de los que nos hemos dedicado a esto porque, en general y salvo excepciones, es un lastre que nos persigue y al que hemos tenido que plantar cara como buenamente hemos podido. La llamada conciliación familiar ha estado casi siempre reñida con nuestra situación vital y laboral y mucho más en los viejos tiempos en los que muchas veces las uvas se tomaban al pie de las rotativas.
Pero si bien todas estas quejas son ciertas y no son fáciles de gestionar, bien cierto es también que nadie nos engañó cuando elegimos este oficio, y no somos en absoluto los únicos profesionales a los que se les supone una dedicación sin horario fijo. La suposición que suele sobrevolar sobre el gremio de que somos poco menos que héroes capaces de no comer ni dormir por perseguir la noticia es un mensaje muy novelero y cinematográfico pero dista mucho de la verdadera existencia que nos ha tocado existir. Hay gente que va a la mar y gente que baja a la mina. Antes esa clase de héroes nosotros somos unos privilegiados. Lo único que no vendría mal es tener en general una remuneración más ajustada. Pero como estamos en el reino de la oferta y la demanda, también ahí hay que merecerlo.
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