Fermín Bocos
'Corruptio optimi pessima'
En las diversas ocasiones en que se produjeron críticas con respecto a los acuerdos pactos y coaliciones realizadas por Pedro Sánchez, con el añadido de que previamente dijere que, “por sus principios” tales cosas no serían posibles, sus postulantes y defensores han señalado que dentro de un contexto democrático los acuerdos, pactos y ententes, incluso entre muy distantes y discrepantes, son y deben ser un hecho normal, ordinario, habitual rutinario y, sobre todo, democrático, al margen incluso de los contenidos. De ahí que, inevitablemente, al margen de toda consideración, surja la pregunta por qué es normal que el PSOE pacte con Bildu o ERC o Junts, y sea una anormalidad repudiable que el PP pacte con Vox. ¿Dónde está la diferencia?
Me dirán que en el objetivo o contenido del pacto. Veamos: el doctor Pedro Sánchez manifestó desde la tribuna del Congreso que nunca permitiría que la gobernabilidad de España descansara sobre partidos independentistas. O cuando dijo aquello de “no es no y nunca es nunca”, en cuanto a entenderse con Bildu, o aquello de que no dormiría tranquilo teniendo a Podemos en el Gobierno, etc….Claro que luego se cambia de opinión, pero con tasa o contraprestación: reforma del Código Penal, indulto, amnistía, cesión de competencia o política penitenciaria adecuada al objetivo de su consocios (Bildi, léase Sortu y anótese lo que dice Otegi) de sacar a la cárcel a personajes expertos en el tiro en la nuca.
O sea, que con independencia de lo que uno pueda pensar de los maximalismos, objetivos y presentaciones de Vox, ¿dónde radica el impedimento moral, que no ya jurídico, para que el PP pacte con este partido? ¿Cuál? ¿Es que no es un partido, guste o no su programa, dentro del marco constitucional, como lo es Bildu con el suyo, cuyo dirigente, Otegi, no se casa de decir públicamente que su objetivo es romper España? Curiosa paradoja si se mira el otro extremo, de los que quieren cerrarla a cal y canto. No es ahora nueva cosa que en ocasiones lo moral va por un lado y lo legal por otro. Pero no deja de ser contradictorio que los mismos agentes que condenan el pacto entre las derechas, entiendan que, su lado cabe todo, de todo y en todo tiempo, lugar y circunstancias, cosa que no es admisible para los demás
Y podemos entrar en el contenido de los acuerdos, que nos pueden parecer exagerados, excluyentes, incluso poco realizables. Pero si lo fueron las concretas, determinadas, generalizadas consecuencias de otros acuerdos que el PSOE de Sánchez cerró con la variada serie de consocios diversos, ya fueran tan diversos como Junts, la derecha católica vascongadas, o sea, el Partido Nacionalista V asco que tiene por patrono a un racista, o los seguidores de Otegi, y sobre todo de la esencia de Bildu, que es Sortu, o sea, el ideario y objetivos de ETA. Así, como suena. Por algo los clásicos griegos ya decían que el cinismo en el poder es siempre una amenaza para la comunidad toda. Ese cinismo, esa vara de medir con dimensiones variantes es una herramienta muy útil a los necios y arrogantes que se creen en posesión de la verdad permanente. Pero lo que muestran es una desconexión moral y ética.
Ese aval sin límites se traduce en que sus acciones son siempre impecables y las de los demás criticables e inadmisibles. ¿Cómo al que le parece excelente que se pacte con Bildu le parece una monstruosidad que otros pacten con Vox? Se ha concluido que Los cínicos confunden sus acuerdos con la aceptación obsecuente de los electores. Sobreestiman la aceptación de sus acuerdos y entienden que poseen un rol, una capacitación para hacer lo que en otros no sería admisible. Ellos se creen intocables, por encima de toda crítica. Creen poseer un aval que les otorga una capacidad que niegan a otros y que ese aval no tiene límite alguno. Ellos son el bien absoluto.
Amoldan las normas comunes a su exclusivo uso y entienden que los demás no tienen el mismo derecho a usarlas. Cualquier pacto que hagan con quien sea, está auspiciado por el uso ordinario de la capacidad que otorga la Constitución, pero ay del que pretenda imitarlos en el uso de lo que ellos manejan con soltura.
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