José Teo Andrés
Una ciudad europea
He viajado estos días a Málaga y Sevilla, las dos ciudades que compiten por ser la `capital de hecho` de Andalucía. He tenido la oportunidad de hablar con mucha gente, con algunos políticos de distinto signo, con numerosos compañeros de profesión, dedicados a seguir los avatares de una campaña en la que nadie ha dicho nada nuevo: ni una propuesta original, ni un mensaje revolucionario para una sociedad que se acomoda. No me extraña que Juanma Moreno Bonilla, que es el hombre tranquilo que nunca sobresalta, ni exalta, a nadie, vaya a revalidar su mandato: no le inquietan ni el histrionismo de su principal rival ni el supuesto carisma que acompaña al hombre que lidera la izquierda de la izquierda, Maillo, sin duda el político más completo de esta Comunidad. Pero...
Pero Andalucía es mucho más importante que una campaña electoral que no interesa a casi nadie porque no merece, por su inanidad, interesar. La Comunidad autónoma más poblada de España es, ya se sabe, un granero de votos: quien controla Andalucía es muy probable que acabe controlando la nación, instalándose en el ya famoso colchón de La Moncloa. En las próximas horas conoceremos resultados de encuestas ya cantadas en los cenáculos y mentideros andaluces: `Juanma` al borde de la mayoría absoluta (algún trabajo se la concede), Montero al borde del desastre (algún trabajo también se lo atribuye, pero otros dicen que el despeñamiento no será tanto como lo separado), Vox ya se sabe, estancándose algo, y la izquierda a la izquierda sin capacidad de influir en la futura gobernación.
Nada nuevo. Excepto, claro, que un escaño arriba de lo que hasta ahora hay se va a comentar como un éxito de Sánchez y su discurso antitrumpista en el caso del PSOE y una victoria del PP por mayoría absoluta no será atribuida a Feijoo, sino al `hombre tranquilo` que habita en San Telmo. Estas elecciones tienen mucho que ver con lo que ocurriría en unas generales, sobre todo si Moreno Bonilla no logra mayoría absoluta y tuviese que encomendarse a la benevolencia de la ultraderecha, que le aborrece y a la que aborrece.
Con Andalucía se abre el abanico de las otras elecciones autonómicas, de las municipales (mayo del 27) y de las generales, las quiera convocar cuando le apetezca a Pedro Sánchez y sus circunstancias. ¿Y Feijoo? El presidente del PP, que es otro `hombre tranquilo`, demasiado según algunos de sus críticos internos, jugando al tra-tran: el mundo alocado parece pasar por encima de su cabeza sin romperle ni mancharle. Feijoo parece preferir los paseos por las calles regalando frías sonrisas a los transeúntes que el atril de los mítines airados;o sea, todo lo contrario que Sánchez, rey de los actos pugnaces llenos de aplaudidores, pero que no puede pisar una calle sin correr el riesgo de que le abuchee o le increpe alguien, más bien exaltado.
Estas elecciones andaluzas que se celebran en una semana con un resultado cantado de antemano puede que discurran ante la indiferencia general del ciudadano medio (no he escuchado ninguna discusión subida de tono en ninguna parte), instalado en el senequismo. Pero estoy seguro de que tanto Sánchez, durante cuya mandato el PSOE ha perdido la hegemonía política en Andalucía, como Feijoo, cuyo galleguismo es tan poco cercano al carácter de estas tierras del sur, van a estar muy pendientes del recuento el domingo 17. Ellos saben lo que de verdad se juega en estas elecciones, mucho más que unas meramente regionales o autonómicas. Es el futuro de la nación, nada menos, lo que está en juego.
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