Manuel Orío
Sin dueño
Desde que el pasado día 28 de julio se celebró el Consejo de Ministros que abría la puerta a las vacaciones de verano, la escasa cohesión que parecía quedar en los comportamientos del Gobierno se ha agotado y la hermosura del estío, la playa, el sol, la cerveza fría al borde la piscina, las puestas de sol en días eternos, las noches de juerga, verbena y sangría y las parrilladas de sardinas han acabado por imponerse y han puesto las cuestiones de gobernación bajo mínimos mientras el presidente dejaba dicho que no le llamaran que estaba de permiso y el permiso es sagrado como cuando se retiró a sus aposentos particulares para pensar si seguía, y resolvió su ausencia anunciándonos su amor incondicional por su mujer como si fuera el único enamorado existente en este mundo.
Sánchez está descansando en La Mareta rodeado por un ciento de guardias civiles, los que faltan quizá para combatir el narcotráfico en el sur donde los narcos se lían a tiros con ellos y ganan en embarcaciones, potencia armamentística y personal de trinchera. Todo eso si es verdad que el presidente está donde dice estar, porque a la foto que ha puesto en circulación sentado en su despacho de la residencia de estío le faltan las piernas como le pasaba a aquella de la Familia Real que se había confeccionado mediante la modalidad de corta y pega.
Esté o no en el palacete de la costa de Lanzarote que Hussein de Jordania regaló al rey Juan Carlos, la única verdad posible es que este verano ha venido inusitadamente cargado de situaciones muy complejas con incendios forestales monstruosos y sobre todo, una invasión en toda regla proveniente del norte de África –dos invasiones en realidad según los expertos- que han puesto patas arriba la paz y el sosiego de la ciudad autónoma de Ceuta cuya incidencia y envergadura se mantiene veinticinco días después de producirse para dolor y desgracia de los ceutíes. Mientras tanto, los ministros, en estado silvestre sin guía ni dueño, se han comportado como un rebaño de bisontes en una del Oeste y cada uno ha dicho y hecho lo que le ha dado la gana. Por ejemplo, Óscar Puente se ha postulado para suceder a Sánchez cuando llegue el momento, y a Torres le ha tocado ser mando único seguramente por ser el más inútil de todos ellos.
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