Una distracción

Publicado: 06 nov 2026 - 01:20
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Lo dijo Gabriel Rufián en la comparecencia del todavía ministro, Óscar Puente, ante la Diputación Permanente del Congreso: “Usted aquí es una distracción”. Lo importante, claro, era atender la incertidumbre alrededor de la alta velocidad ferroviaria en España. La patata caliente que el próximo Gobierno salido del 29-N tendrá que gestionar sin margen para el error. Porque la dimisión de Puente ha elevado el listón de la exigencia de responsabilidades en el servicio público. Grande-Marlaska se habrá removido, interpelado, en su inamovible sillón, después del inaudito ridículo de Ceuta este pasado verano, y el PP hará bien en poner en revisión su repetida estrategia de impavidez ante las propias infamias. El recuerdo de Mazón y la dana, Ayuso y los ancianos fallecidos en las residencias madrileñas durante la pandemia o la misma ministra Pastor en la tragedia de Angrois, están presentes en la memoria colectiva. Puente se ha ido después de ofrecer una sinopsis de lo ocurrido en Urda; algunos datos y un puñado de proyectos a desarrollar en el futuro. ¿Lo querrá así el ministro o ministra del próximo Gobierno? En la inmediatez, la campaña electoral busca su nuevo encauzamiento. El PSOE se rearma moralmente con la baja de Puente y probablemente, los servicios públicos, su protección y la mejora de gestión sean el nuevo eje de las tres semanas que vienen por delante. A este nuevo impulso, después del tremendo shock que siguió al trágico accidente ferroviario, se le suman los refuerzos progresistas que llegan del otro lado del Atlántico. Las victorias de Lula en Brasil y los demócratas en Estados Unidos, y hasta el cuestionamiento de Netanyahu, avalan las apuestas de Pedro Sánchez durante los años de soledad vividos en la Unión Europea. La política de bloques que la polarización ha definido durante los últimos años no parece que se vaya a diluir con carácter inmediato, pero el correctivo sufrido por Trump debería propiciar una reflexión en la derecha española, básicamente en el PP, con reflejo también en el PSOE. Dar por normalizadas las relaciones de estos con fuerzas radicales a derecha e izquierda, en una aspiración a la hegemonía política y cultural, alimenta las ensoñaciones de los extremos mientras erosiona los cimientos de la democracia liberal. La polarización ideológica cansa. Necesitamos volver a ocuparnos de lo concreto, de la gestión de lo pequeño y cercano: los servicios públicos, por ejemplo. De la sanidad a la vivienda, de la educación a los jóvenes, de la seguridad ferroviaria al control de los precios y los salarios dignos. Que Óscar Puente siguiera o no era, es cierto, una distracción. Tanta como administrar a la campaña dosis crecientes de apocalipsis y utopía donde debiera darse el debate sobre la gestión de lo posible.

Contenido patrocinado

stats