José Teo Andrés
Puerto nodal
El Plan General ya está operativo y no ha pasado nada, porque nada tenía que ocurrir. Será a partir de ahora cuando vayan sucediendo cosas si esta vez la programación del propio Plan se cumple, lo que no va a ser fácil ni rápido. Ayer mismo contaban empresas pesqueras que la transformación de Beiramar, ya posible con la recalificación de las naves frigoríficas en suelo residencial, llevará años. Y eso que se trata de un ámbito relativamente sencillo de desarrollar, por cuanto es urbano y hay acuerdo entre la propiedad y las firmas inmobiliarias interesadas en poner en marcha los proyectos. Pese a ello, habrá que tener paciencia y en el mejor de los casos pasarán entre tres y cinco ejercicios antes de que la calle Jacinto Benavente sea una avenida muy distinta a la actual, con medio millar más de vecinos. Y todo así.
Quizá los ámbitos que va a poner en marcha la Xunta, mucho mayores en extensión y con miles de viviendas a construir, puedan estar operativos en tres o cuatro años gracias a una norma autonómica que le concede todo el control a la Administración gallega, lo que evita la duplicación de trámites con el ayuntamiento. Pero aun así, los miles de demandantes de pisos van a tener que armarse de paciencia. Este es la realidad del urbanismo en toda España, donde los procesos se eternizan a menudo con la presencia de varios organismos, cada uno de ellos con sus propios plazos. Es lo que ha ocurrido con el Plan General: el de 2008 fue anulado por los tribunales en noviembre de 2015, así que ha pasado casi una década para poder aprobar otro PGOM.
En el Congreso de los Diputados se anunció una propuesta para que los planes anulados por los tribunales puedan ser subsanables sin tener que empezar desde cero. Pero en esta legislatura que nunca tendría que haberse iniciado en estas condiciones nada parece posible. Que termine cuanto antes.
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