Manuel Orío
Un devenir histórico
La presencia de la juez Beatriz Biedma en el procedimiento que se sigue contra la organización conocida por los informadores de prensa como “cloaca del PSOE” –no parece disparate alguno suponer que el PSOE actual es todo él una cloaca hasta que no caiga en otras manos menos pecadoras que las actuales- ha constituido en mi experiencia como viejo espectador del devenir político y judicial del país, uno de sus momentos más estremecedores y quizá el más vergonzante y execrable desde los tiempos de Isabel II y las disputas entre O’Donnell y Narváez. Hoy, el personaje al que se señala como el máximo responsable de este episodio denigrante y definitivamente lesivo para la honra de un país en su conjunto, que responde al nombre de Santos Cerdán, ejerce como colaborador en el mantenimiento de una amplia propiedad agropecuaria situada en su municipio natal de Milagro en la comunidad de Navarra, ajeno en lo posible y amparado en el anonimato, a la tempestad que se cierne sobre su comportamiento. Pero lo rigurosamente cierto es que el juez que instruye esa causa que afecta al operativo constituido y financiado desde el PSOE en el que se situaba como segundo de a bordo, ha podido desarrollar una estrategia consistente en la propuesta de un pacto a acordar con un conocido clan de narcotraficantes extremeños para que colaboraran en la eliminación de la juez que instruía la causa abierta contra el hermano del presidente del Gobierno y aquellos que colaboraron en la consecución de una plaza de trabajo sin ningún otro cometido que facilitarle un buen salario y una posición social y económica privilegiada.
La acusación es tan grave que esa denominación de “cloacas del PSOE” le queda estrecha y demuestra que lo que en tiempo pasado sirvió como punto de partida para la refundación del partido político cuya existencia era absolutamente necesaria para el desarrollo natural de la vida parlamentaria nacional en la era posterior a Franco, ha ido degradándose en el tiempo hasta que convertirse en una organización de hampones sin moral ni escrúpulos que ha hecho de un partido histórico una banda criminal. No basta con detestar estas prácticas. Hay que desterrarlas y condenarlas.
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