Miguel Anxo Bastos Boubeta
A guerra no Irâo nâo pode ser ganhada
Tercera visita de Deep Purple. Los vi en 1998 en Vigo -en un lugar tan raro como el campo de fútbol de Santa Irene- y ya no eran lo que uno se había imaginado. Ian Gillan, que acaba de cumplir 80 castañas, estaba entonces muy lejos de los desgarradores gritos del Made in Japan, álbum tan legendario como -hay que reconocerlo desde la distancia- bastante ladrillo. Aunque eso dicho desde la perspectiva presente: era un disco fruto de su tiempo y como directo no tiene rival, pese a la cargante longitud de las canciones, fruto de los excesos de los sesenta alargados hasta principios de los 70, cuando Deep Purple eran los número 1 mundiales con su famosa formación Mark II. Ahora vamos por el Mark IX y sigue avanzando la historia, con continuos cambios que anuncian la banda eterna: podrá haber Mark XXV dentro de cien años. De lo que estoy seguro es que nadie en los lejanísimos años 70 se podría imaginar ver a Deep Purple en Vigo, pero así es y por tercera vez, la primera en este siglo, la segunda en Castrelos. En Vigo hay una enorme afición a esta banda y hace más de 30 años se fundó un club de adictos que tiene reconocimiento oficial. Incluso Ian Paice, el gran batería y único de los miembros que ha estado en las nueve formaciones desde 1968, estuvo presente en un homenaje. Otro que pasó por Vigo fue el bajista de voz prodigiosa Glenn Hughes, que solo militó durante un breve tiempo, pero dejó huella perenne. El dueño de una tienda de música de Camelias se lo encontró un día entrando en su negocio, por lo visto iba a comprar unas cuerdas, y casi se desmaya.
Disfrutemos de lo que queda de Deep Purple en Castrelos antes de que llegue el apocalipsis anunciado ayer: según los científicos, parece que en poco más de 20 años se acabó Vigo. Las aguas subirán y se llevarán el puerto, los paseos y las playas. Un final de película.
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