José Teo Andrés
La cuestión del Celta
Como celtista clásico vi llegar el fin del mundo tras la doble debacle ante Friburgo, la catástrofe del Alavés y el horror frente al Oviedo. Dando por descontado que Europa se había ido para no volver, ya eché cuentas sobre si llegarían los 44 puntos que teníamos para salvarnos. La clásica tragedia celtista, en la que solo se veía una luz en la tranquilidad que emanaba de Divino Claudio y su seguridad sobre una etapa exitosa. El Celta estaba y está en las mejores manos, y si al final acaba sexto, será en efecto una gran temporada, compitiendo hasta el final, alcanzando los cuartos en la exigente Liga Europa y de nuevo con la clasificación para jugar en el continente. El celtismo esperaba encontrar un segundo Berizzo y tras fracasar de forma estrepitosa la operación Benítez, resulta que nuestro hombre estaba en el club. El primero que lo vio fue el exportero y hoy consejero Sergio Álvarez, que convenció a la presidenta de que Claudio era El Elegido: capacitado y preparado. Acertó y ha sido capaz de crear un equipo reconocible de cantera. Lo que se pedía. El salto cualitativo vendrá con el acierto en o dos o tres puestos clave, en especial los centrales.
Hay que prepararse ante la próxima temporada, esperemos que con Divino Claudio al frente -será la cuarta, superando a Berizzo- y probablemente con los del Norte de nuevo en Primera nueve años después de su viaje a los infiernos. Y con el club saneado tras la inyección de 100 millones reconocidos por su propietario, Abanca, entidad que curiosamente también es el principal patrocinador del Celta, que pone 28 millones hasta 2028 por dar nombre al estadio y un espacio en la camiseta. Claro que también Celta y DCoruña comparten Estrella Galicia. Así de raro es el fútbol.
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