Luis Carlos de la Peña
Cambio de posiciones
Me educaron en el cumplimiento de la palabra dada. Frente al minado de los compromisos adquiridos, en los asuntos públicos, importa saber a qué atenernos y con quién. Lo decía Adela Cortina, la catedrática de Filosofía: “España está cambiando, respecto de sus tradicionales aliados, de posiciones y de lugar”. La filósofa levantina lo interpreta como una falta de fidelidad a aquellos; un giro que añade incertidumbre a un momento tumultuoso en las relaciones internacionales. Se acusa a Sánchez de oportunismo, de tacticismo, de acomodar principios y prácticas institucionales a las circunstancias de cada momento. El arte de gobernar tiene mucho de este sortear los obstáculos en medio de las turbulencias. Si le ocurre hasta a Trump, en el laberinto persa, o a Putin, con los drones y misiles ucranios, cuánto más a las medianas potencias.
Es seguro que, en las posiciones de Sánchez frente a Netanyahu, a Trump o en la OTAN, se dan buenas dosis de cálculo en clave de política nacional, en clave de oportunidad, pero conviene auscultar lo que de novedad estratégica y troncal se apunta con estos distanciamientos. También en la reconfiguración política y militar de Europa, o en la relación con China, sobre todo en la relación con China: cuatro viajes de Sánchez en cuatro años; el último a Estados Unidos, todavía con Biden de presidente, en mayo de 2023. Dado que las Cortes españolas se han convertido en el lodazal goyesco del duelo a garrotazos, los asuntos de Estado no son objeto de debate ni de compartición. Cuando se haga balance de la etapa de gobierno de Pedro Sánchez, quedará para la historia un aparente enfriamiento en las relaciones del jefe de Gobierno con el del Estado, el rey; una relación institucional que, con otros presidentes, fue fluida. Y quedará, claro, como objeto de investigación, el cambio de rumbo, puntual o permanente, entonces se sabrá, en las alianzas internacionales que Sánchez y también Zapatero, embajador extraoficial y ahora confuso en sus motivaciones finales, han impulsado desde el Gobierno.
La feliz jubilación de Adela Cortina permite a esta tomar la suficiente perspectiva para discernir entre lo urgente y lo importante. Por eso, lejos de aplaudir o cuestionar las reacciones que la disruptiva presidencia de Trump provoca, la académica de Ciencias Morales y Políticas ha fijado su atención en la mudanza de lo que era constante, lo que eran valores compartidos por el conjunto de la sociedad española y asumidos como tales en el concierto internacional. Cambios del calado aparente que vivimos, no solo necesitan del debate parlamentario y los consensos amplios; también precisan del buen criterio para amalgamar, en un todo coherente, los vínculos estratégicos y los movimientos tácticos. La política exterior, en fin, de una nación previsible y responsable.
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