Cuéntame un cuento

Publicado: 15 mar 2026 - 01:40
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Corría el año 1991 cuando los “Celtas cortos” cantaban aquello de “Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo lindos sueños”. En una remezcla de 2025, Ara Malikian aporta a ese tema su virtuosismo como violinista. Los cuentos, los relatos breves, las narraciones, las historias, las fábulas, las parábolas… nacen, quizá, de los sueños y ayudan a que estos sean más bellos, pero, sobre todo, nacen para ser, más que leídos, cantados, contados y escuchados.

Loli Barral (Mondariz 1974) recoge en su libro “Unha noite soñei e un conto che contei” ocho pequeños relatos que han ido surgiendo al hilo de la vida, a veces como singulares regalos con los que obsequia a sus hijos, Lois y Lope, en sus respectivos cumpleaños. Los títulos nos indican el universo imaginario, tejido de fantasía y de evocaciones, que puebla estas narraciones: “O pan da avoa Carmen”, “O lobo Xinico”, “¡Qué cuco tan cuco1”, “Xorxul: O can motorista”, “Lois o superhéroe”, “Melindre e a súa lata de sardiñas”, “Marisiña, a araña costureira” y “A Meca”.

Cada cuento encierra un pequeño fondo de enseñanza. Así, por ejemplo, los conejitos Pelicas y Finote dan al lobo Xinico una segunda oportunidad y dejan de ser potenciales presas del fiero depredador para convertirse en amigos entrañables del mismo. El ratoncito Melindre, por su parte, hace uso de su valentía y de su ingenio para cambiar notablemente su vida, aventurándose a navegar en una lata de sardinas transformada en barco las turbulentas aguas del maravilloso mundo.

Al sueño invita también Fernando Juan en su prólogo: “As noites curtas/ anuncian tamén traxedias/ pero máis levadeiras. Durme, lavandeira, /durme!/ que aínda é tempo! Lavandeira verdeal/ durme sen medo/ que levas o día dentro/ no teu gabán marelo!” Seguramente los niños, como la lavandeira del poema, llevan el día dentro y por eso pueden dormir sin miedo, ya que todavía tienen tiempo por delante.

Un escritor tan notable como Borges, quien se definía a sí mismo como “un sensible y agradecido lector”, comentó en una revista argentina en 1935 que el relato de May Sinclair “Donde su fuego nunca se apaga” era el cuento más memorable que había leído, al tiempo que mencionaba otros once; entre ellos, “De lo que aconteció a un deán de Santiago con don Illán, el gran mago que vivía en Toledo”, del Infante don Juan Manuel.

Los cuentos se fabrican con la mágica herramienta de las palabras, del lenguaje, de la lengua, del habla. Escuchando los relatos de labios de la madre, o del padre, o de alguien cercano y querido, las palabras ayudan en esa etapa singular que es la infancia a explorar la realidad, a sentir las emociones, a experimentar los afectos, a vincular la multitud de los seres con las vivencias propias y con su recuerdo. Se atesora así un valioso bagaje de memorias que acompañarán a lo largo de toda la existencia.

“Longa vida a este libro tan ben soñado!”, leemos también en el prólogo. Es un deseo y una valoración que comparto. El pequeño volumen, de 78 páginas, maquetado por Olga Blanco, se ve enriquecido con unas preciosas ilustraciones de Karina Mouriño Espiñeira.

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