Carmen Tomás
Vivienda: una política fallida
Algo se mueve en Cuba a impulso del temor a una intervención directa por parte de Estados Unidos como la que descabezó al régimen venezolano. Miguel Díaz-Canel, el presidente pantalla puesto por la familia Castro, que es quien controla el poder en la isla desde hace seis décadas, reconoce que hay contactos con Washington "bajo la dirección del general de ejércitos y líder histórico de la revolución" Raúl Castro, el hermano de Fidel que nunca fue militar pero ocupa el primer eslabón de la cadena de mando real de las Fuerzas Armadas, que son el soporte estructural del régimen.
Contactos en los que enviados norteamericanos explorarían posibles escenarios de transición similares a los que, tras la detención de Nicolás Maduro, han dado paso a una nueva fase en la vida política venezolana. La oposición al castrismo, muy asentada en Florida, lugar de origen de Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, cuya familia salió de Cuba poco antes de la llegada al poder de Fidel Castro, está muy activa señalando que en la isla no puede haber una verdadera transición si la operación no descuenta a Díaz-Canel y a Raúl Castro.
La isla está atravesando por un período de penuria extrema. Desde que Venezuela cerró el grifo del petróleo escasea todo. Llevan tres meses sin entrar ningún barco de combustible. No hay luz, no hay alimentos, no hay medicinas, escasea el pan y en La Habana son frecuentes las imágenes de personas rebuscando en los cubos de la basura. Sesenta y seis años después, la revolución que había prometido libertad acabando con la dictadura de Fulgencio Batista acabó desembocando en un régimen comunista que transformó el sueño de democracia en una pesadilla totalitaria. Las ciudades de Cuba se caen a pedazos, falta todo y de todo.
Y con la crueldad que caracteriza el flujo de las redes sociales circulan unas imágenes de Hiroshima -la ciudad arrasada por la bomba atómica lanzada por los americanos en 1945- que en nuestros días es una ciudad moderna, ordenada, y dinámica por contraste con La Habana a la que 66 años de dictadura comunista han convertido en un escenario en ruinas, un fantasma de la hermosa ciudad de arquitectura colonial cuyo dinamismo social, pujanza y nombre llegó a ser proverbial en el Caribe y el resto del mundo. Menos mal que algo se está moviendo y por el bien de los cubanos parece que los días de la dictadura comunista podrían estar contados.
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