José Teo Andrés
Tener palabra o palabrería
En la España de nuestros días la crónica de tribunales se mezcla con el relato de la vida política. Hemos entrado en la fase definitiva del conocido "caso de las mascarillas" y, pese a que se multiplican los indicios que detectan prácticas presuntamente delictivas en las actuaciones de los acusados -el ex ministro de Fomento José Luis Ábalos y sus compañeros de banquillo-, crece la sensación de que sea cual sea la sentencia, en términos políticos, el asunto está amortizado. Quizá sería más exacto decir que está "narcotizado", tal es el llamativo recorrido que el caso está encontrando en la galaxia de medios de prensa y televisión afines al Gobierno.
Para algunos, ni siquiera fue noticia de portada el día en el que se iniciaron las sesiones de la vista oral. Otros que sí han seguido el día a día han buscado el empate con el juicio de la "Kitchen", un caso que afecta al PP de cuando era Mariano Rajoy quien estaba en La Moncloa. No siempre lo consiguen pero la estrategia responde a un intento de control de daños desviando la atención del público hacia aspectos menos lesivos en términos de imagen para el Gobierno de Pedro Sánchez. Una de sus tareas más recurrentes consiste en desviar el hilo de las tertulias de actualidad como quien quema rastrojos para crear cortinas de humo tras las que difuminar los casos graves de corrupción que estos días, por proximidad en el tiempo, afectan más directamente al PSOE y al presidente del Gobierno que al PP que lleva ya ocho años en la oposición.
Los medios desempeñan un papel crucial en este asunto. De ellos depende la orientación del debate social porque en definitiva los medios y muy especialmente la televisión, la radio y las redes sociales son quienes determinan el discurso político construyendo los marcos desde los que interpretar la realidad. En un país como el nuestro en el que, por desgracia, sucesivas legislaturas y de diferente signo político han cobijado notorios casos de corrupción, el personal ha ido acostumbrándose rebajando la exigencia de probidad a los dirigentes políticos. Los políticos y sus asesores lo saben y cuentan conque el factor tiempo juega a su favor en términos de olvido. ¿Alguien se acordaba del "caso Pujol"? La muleta del tiempo que decía Baltasar Gracián. Que en lo relacionado con los casos concretos de corrupción equivale poco menos que a una absolución en términos de responsabilidad política. Ante semejante escenario es fácil deducir que la opinión pública acaba por distanciarse dejando en segundo plano el reproche político a la corrupción. La dan por amortizada.
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