Fernando Ramos
El estilo de Vito Quiles y el periodismo de provocación
Un viejo principio del periodismo de todos los tiempos es que un periodista no puede ser ni convertirse en protagonista de las noticias que genera. Por ello, por encima de cualquier otra consideración, las formas, el estilo, los modos y la mecánica de los actos de Vito Quiles tienen que ser rechazadas. Pese a que se intitule periodista, lo cierto es que no acabó la carrera, lo que hace presumir que no pudo recibir formación en ética y deontología. Es cierto que este personaje no es el inventor ni el primero en ejercitar el llamado periodismo de provocación. Ya estuvo de moda en España y lo han practicado personajes, en su día, hoy muy famosos, como el conocido como “Gran Wyoming” junto con otros dos en otros tiempos. Consistía en acercarse a un personaje público o conocido con descaro, de forma a veces impertinente, abordándolo en cualquier situación, metiéndole el micrófono literalmente en la cara para hacerle una pregunta comprometida, a veces cómica, personal o genérica, para generar la respuesta esperada. Incluso, en ocasiones, como se recordará, se invitado al personaje a ponerse unas gafas negras, como las que llevaban los entrevistadores y cosas semejantes. Pero los modos de Vito Quiles han rebasado todos los límites. Todos.
Huelga recordar que la libertad de expresión tiene sus límites no sólo jurídicos, sino también éticos y estéticos. Quiles busca lo que logra. No existe la menor duda. Otra cosa es que aparte de los hechos concretos, algunas de las personas a las que últimamente ha abordado lo acusen de una agresión física, más allá del acoso verbal. Pero cabe decir que, en ese sentido, tales acusaciones extremas no parecen tener mucho fundamento en función de las imágenes y videos trascendidos. Ya hemos recordado anteriormente que, en España, en los últimos tiempos se ha producido, sobre todo en los medios audiovisuales una eclosión del “periodismo basura” que se define con una palabra alemana "Periodismo Schund". Sus características son: Lenguaje vulgar, suma de tópicos y lugares comunes. No existe límite alguno para nada. Nada es sagrado ni merece ser respetado. Suele ser una información inútil, innecesaria y que no añade nada nuevo. Aparece un nuevo género: el periodismo de provocación, que consiste en convertir a los periodistas en protagonistas de los eventos a los que acuden, colocando a los personajes públicos en situaciones inusuales, insólitas o ridículas.
La Federación de Asociaciones de Periodistas y otras organizaciones profesionales han advertido, condenado y prevenido contra estos comportamientos del que los actos repetidos de Quiles son evidencia. Porque no se trata de la audacia de un reportero de acercarse a un personaje o persona conocida en plena calle o donde lo halle para hacerle una pregunta íntima o colocarlo en una situación embarazosa. Todos los días lo hacen las legiones de reporteros de las agencias que viven de eso y que luego se suelen alojar en los programas basura de algunas cadenas. Pero incluso esta forma tiene sus límites y el reportero abandona cuando el otro no entra al trapo.
Pero Vito Quiles no se rinde e insiste, escolta, acompaña, persigue y acosa a quien ha elegido como objetivo. Los perfiles de las personas que toma como perseguibles, situadas siempre en un determinado ámbito, hace que este reportero haya sido considerado como una especie de bucanero de la derecha y la extrema derecha, siempre dispuesto al asalto de las naves del contrario, con osadía permanente. Y cuando actúe en sede parlamentaria, no se limite a hacer una pregunta precisa, concreta, determinada, sino que dibuja la respuesta que desea de modo que al otro poco le queda que añadir. En el fondo, insisto en ello, no sólo se trivializan cuestiones serias, presentadas frívolamente, para hacer algo diferente o que no hacen otros. Y si no le responden o ignoran se recurre al tópico de que se está vulnerando la libertad de expresión. Creo sinceramente que el propio rechazo y aislamiento por parte de los profesionales a este tipo de conductas pueden conseguir que este tipo de comportamientos que, en España, no sólo ejerce Vito Quiles, podrá suponer que este tipo de modos se reduzcan o desaparezca. Que estos días se hable mucho del asunto, y lo que se hablará sin remedio deriva obviamente del último personaje de la incidencia del peculiar reportero.
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