Fernando Jáuregui
La consigna es moderación, ¡Ar!
A medida que en el mundo se recrudecen las tensiones, el extremismo, los lanzamientos de misiles, quiero creer que en España, y quizá en el conjunto de Europa -Hungría excluida, claro-, la consigna comienza a ser 'moderación'. Palabra un poco forzada por las circunstancias, algo impostada tal y como están las cosas, pero siempre es mejor eso que la orden de levantar muros y sacudir garrotazos sin cuartel al de enfrente. Y no, no me refiero tan solo a la designación de alguien como Carlos Cuerpo como vicepresidente primero en lugar de la histriónica María Jesús Montero; creo que el panorama se está llenando de signos que hablan de ansia nacional por esa moderación que no ha llegado ni de lejos a los cuarteles generales de Trump, ni de Netanyahu, ni tampoco, claro, de los ayatolás. Ni de Putin. Pero que sí confío en que arribe a las playas de Moncloa. Y de Génova. Y de...
Es una lástima que el espíritu de la Semana Santa, que de alguna manera se conserva aún en una parte de las dos Españas, que es un espíritu que se viste con el capirote de la religiosidad y con la túnica de la paz al ritmo de las procesiones, no tenga réplicas ni siquiera en los 'cristianos' Estados Unidos, ni tampoco en Israel, que son países que sí tienen las conmemoraciones de la Semana Santa en sus calendarios, pero que no la celebran como aquí se hace, ni siquiera aprovechando para largarse unas balsámicas jornadas de vacaciones.
Sí sé que el inquilino de La Moncloa, que también se nos va unos días de descanso, quizá a meditar cuáles serán sus próximos pasos en el lodazal por el que anda, ha decretado, por supuesto sin encomendarse ni al Consejo de Ministros ni al comité federal del PSOE, algo así como '¡a moderarse!¡ar!' y todos, más les vale, desfilarán por este sendero. Quizá comenzando por la pugnaz María Jesús Montero, cuyas formas han distado mucho de las del consenso y la paz del Adviento, pero que ve que a su rival Juanma Moreno le renta mucho más su talante tranquilo y sonriente sin demasiados aspavientos que a ella el gesto, la bronca y el insulto excesivos que ha venido gastando en los años de vice todopoderosa.
Yo diría, a través de conversaciones con unos y con otros -aquí el único que sabe qué dice la bola de cristal es su poseedor y fabricante, Pedro Sánchez-, que andamos nuevamente a la búsqueda del Centro. Ese Centro al parecer imposible que tantas veces ha fracasado -UCD, CDS, operación reformista, UPyD, Ciudadanos- pero que sigue siendo la posición ideológica mayoritaria que los españoles muestran en todas las encuestas, las del CIS incluidas. Y, como entramos en período preelectoral, que se acelerará a partir del 17 de mayo cuando las elecciones andaluzas, la carrera entre PP y PSOE por conquistar el Centro va a ser como la carrera norteamericana para conquistar la luna frente a China: constante, implacable, sin reparar demasiado en los gastos a derecha e izquierda.
A Sánchez, claro, le conviene ese terreno particular que ha encontrado y está quizá comenzando a ocupar: rumbo a la moderación en el terreno nacional, mientras en el espacio internacional agudiza su batalla contra el inmoderado mayor del planeta, el presidente Trump. Lo segundo le está, dicen los fabricantes de sondeos, dando buen resultado; lo primero, la moderación en casa, se los dará, aseveran sus múltiples gurús. A menos, claro, que en uno de sus arranques imprevisibles, que los 'pelotas' de Moncloa llaman genialidad, Sánchez lo ponga todo nuevamente patas arriba y se lance y nos lance por quién sabe qué nuevos derroteros.
En todo caso, me reitero en que una cosa, al menos una, está clara: el retorno de la Semana Santa va a marcar una nueva etapa, una de esas que pueden consolidarte o echarte de La Moncloa, que pueden llevarte a ella o alejarte de ella para siempre, Feijóo, escucha, Sánchez está en la lucha. Pero ahora la batalla se va a llamar 'moderación', el campo de batalla es el centro, las armas serán finos estiletes dialécticos en lugar de cuchillos cachicuernos y los uniformes de combate consistirán en discretos trajes grises, barba de tres días y gafas de empollón no demasiado elegante y para nada presumido. O sea, salvemos al soldado Cuerpo, que ahora es el modelo de combatiente, palabro que sin duda a él le horroriza.
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