Cinco euros más pobres

Publicado: 20 mar 2026 - 03:30
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Confieso que no sé qué pensar ante el Consejo de Ministros extraordinario de este viernes, en el que se aprobará un decreto-ley con las medidas urgentes para 'dar respuesta al impacto económico de la guerra de Irán'.

Unas medidas que, al menos cuando esto escribo, aún no se conocían y que, desde luego, para nada han sido pactadas ni con la oposición ni con los sectores más afectados. Ni con el Parlamento. Tenga la impresión de que no es esta la mejor manera de enfrentar la oleada de temor que se ha adueñado de las calles al comprobar que el petróleo sube incesantemente, lo mismo que el gas, mientras los valores cotizados bajan y la alarma ante una inminente y previsible alza de los alimentos también crece, al menos tanto como los mismos precios.

Conozco cálculos, siempre aproximados y conservadores, porque la crisis ni remite ni funciona para todos igual, que aseguran que, entre las alzas de la gasolina, la de los precios y los batacazos en las bolsas, todos somos al menos cinco euros más pobres cada día, ciento cincuenta euros al mes, más de mil ochocientos al año. Eso, si las cosas no se desmadran más, claro. A ver cómo los gobernantes logran paliar el terror ante una economía que presumíamos de que iba 'como un cohete'.

Solamente la transparencia (que no existe), la concordia política (ah, aquellos pactos de La Moncloa), el valor que solo se reserva aquí para el desafío al rival y un pragmatismo que hoy para nada está de moda contribuirían a salir con bien de una situación que nadie sabe hoy muy bien en qué parará, si es que para, merced a la furia ciega y desatinada de los Estados Unidos e Israel y las respuestas sin control de los tiranos ayatolás. El mundo, en suma, acaba de dar un bandazo de enormes proporciones y los países que pueden resultar más afectados, entre ellos, como europeo que es, el nuestro, parecen no saber muy bien qué hacer, limitándose a colocar parches fiscales en heridas de inmensa envergadura.

Lo digo porque nada, incluyendo en esta calificación pesimista la sesión del Consejo Europeo de este jueves, hace pensar que las naciones 'secundarias', que ahora somos todos menos las partes más directamente implicadas en la batalla, sean conscientes de que no será con apósitos tal que unas mínimas exenciones tributarias condicionadas, como se tapone la hemorragia.

Desconozco, repito, porque a nadie se le ha contado, la envergadura de las medidas que el Gobierno español está dispuesto a tomar para evitar que cada día los ciudadanos de este país seamos un poco más pobres que el anterior; veo lo que han decidido otros países y no me parece atisbar paquete alguno de esas medidas revolucionarias, de saneamiento global de la economía, que parecen ser necesarias. Ni los gobiernos ni las oposiciones, enfrascados cada uno en sus pequeñas peleas electorales (y en las internas, sobre todo en los partidos extremos) , son, a lo que se ve, conscientes de lo que en este juego nos jugamos, valga la reiteración en este caso.

A ello, en el caso de nuestro país, habría que añadir una creciente sensación de que 'esto', la nación como tal, no funciona. Prefiero no relatar 'in extenso', la lamentable experiencia que centenares, quizá miles, de viajeros hubimos de sufrir este miércoles cuando nos dijeron que, debido a causas que nadie explicó suficientemente, nuestros trenes se retrasaban hasta nadie decía cuándo ni cuánto, ni cómo, ni por qué. El que era nuestro gran motivo de orgullo, un gran servicio ferroviario, se ve ahora arrastrado por los suelos mientras el máximo responsable gubernamental en la materia se dedica a publicar 'tuits' faltones para con la oposición o con los medios, o con todo el que no sea un estricto seguidor gubernamental.

Comparto las tesis antibelicistas, si se quiere anti trumpistas, de mi Gobierno. No puedo compartir sus métodos, su talante pugnaz y hostil, sus evasivas para, entre otras cosas, evitar de nuevo la presentación de los presupuestos, sus inveracidades -vamos a llamarlo así--, sus sectarismos. No creo que todo esto esté cimentando la confianza de los ciudadanos en sus representantes. Mientras, hoy cinco euros menos en el bolsillo al llenar el depósito, y lo de mañana, al hacer la compra en el supermercado, ya ni te cuento.

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