Manuel Orío
Chorizos grandes y pequeños
Los delitos atribuidos al PSOE de Sánchez han ido creciendo en intensidad y gravedad al paso del tiempo hasta alcanzar la cumbre, aunque en este singular rosario de episodios trasgresores y de naturaleza difícil de digerir, no es muy fácil adelantar cuándo puede llegarse a la cumbre. Lo que sí es cierto y no solo desde un punto de vista estrictamente penal, es que una cosa es el enriquecimiento ilícito que no deja de ser un latrocinio de mayor o menor intensidad que tiene su reflejo bien ajustado en los códigos de Justicia, y otra muy diferente es la conspiración de Estado que es aquello en lo que nos adentramos en estas espantosas fechas en las que a las gentes normales más o menos malas o buenas según sople el viento, con sus vicios y sus virtudes, sus amores y desamores, su capacidad comprensión y su cinismo, se nos erizan los pelos de la cabeza porque ni siquiera llegamos a tipificarlo y comprenderlo. Los ciudadanos del país, hombres y mujeres con sus defectos que los hay y sus bondades que también las hay, nos quedamos estupefactos ante este recital de maldades que estremecen y están tan fuera de la existencia normal y doméstica que dan miedo.
Comenzamos atisbando un comportamiento granuja de medio pelo con actividades impropias de la honestidad y la limpieza de quien tiene que dar ejemplo y que salpicaron al fiscal general, a la mujer del presidente y al hermano del presidente, luego a un recital de corrupción propia de hampones, ambiciosa golfa y putera con tráfico de prostitutas, orgías pagadas con dinero público, queridas con piso propio y dinero estafado a los fondos públicos a manos llenas. Subió más tarde un grado el nivel de enriquecimiento y saqueo del contribuyente con concesiones, adjudicaciones, mordidas, comisiones… Poco después se ascendió un peldaño con Zapatero y su red internacional de tráfico de divisas, blanqueo de capitales y corrupción a escala internacional con oro y petróleo de por medio. Lo que pasa es que todo esto es propio de sinvergüenzas de menor a mayor escala. A partir de aquí lo que se trasluce es un golpe de Estado encubierto que trata de desmontar los pilares básicos de la democracia desde sus cimientos. Y eso, hace un siglo se saldaba con castigos de una gravedad extrema. Ahora ya no son chorizos grandes o pequeños. Ahora nos estamos jugando el ser o no ser.
Contenido patrocinado
También te puede interesar