Los cargos públicos

Publicado: 26 sep 2025 - 03:30

Está mañana me he levantado, no digo yo dando un salto mortal porque a estas edades uno no está ya para muchas piruetas, pero sí con ánimo renovado y unos cuantos modestos proyectos dando vueltas por la cabeza hasta que se me ha caído del bolsillo un puñado de calderilla. Y tras contarlo en la palma de la mano, me acabo de dar cuenta de que ese despreciable montoncito de monedas equivale a algo más de mil de las antiguas pesetas. Recuerdo yo la cantidad de cosas que en mis tiempos juveniles se podían hacer con un billete verde en el bolsillo, con el que ibas al cine en pareja, tomabas unas cañas y aún daba para comprar el periódico y tabaco. Iba uno más alegre que una sonrisa de Carmen Sevilla y pisando fuerte llevando en el empeine de los zapatos una peseta rubia en cada uno de ellos por si te encontrabas sin dinero para coger el tranvía. Somos viejos y eso no tiene remedio.

Sí lo tiene afinar a la hora de colocar en puestos de máxima responsabilidad a las personas que por su capacidad, su preparación, su honestidad, su constancia y su sentido del deber son merecedores de desempeñar estas responsabilidades, un principio activo que tanto los dirigentes que nos gobiernan hoy como los que gobernarán en un futuro deberían plantearse seriamente obviando los vicios del amiguismo y el compadreo para esas designaciones y buscando en tal desempeño a las personas más idóneas sin tener en cuenta el género, la militancia, la mansedumbre y otras facetas que en lugar de hacerlos mejores en su papel de servidores públicos los convierten en espantajos de los señoritos a los que deben el puesto y el sustancioso sueldo además de los privilegios propios de sus cargos y la seguridad garantizada para el día de mañana con condiciones de retiro muy superiores a las que nos tocan a los ciudadanos de a pelo tras más de cuarenta años de cotización que ellos despachan en una legislatura.

La ministra de Igualdad es uno de los últimos ejemplos que no solo se merece el despido por su incompetencia sino lo que es más grave, por intentar ocultar sus errores con mentiras y disimulos. Los ciudadanos merecemos un respeto como paganos de estos lamentables dispendios.

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